La organización espacial y temporal en el aula: El método Davopsi

Abstract

Para permitir el desarrollo integral del alumnado, es necesario que como docentes consideremos, tal y como se establece en el currículo correspondiente a la Educación Infantil en cada comunidad, la necesidad de una organización y distribución adecuada del espacio y el tiempo que respete las necesidades básicas del alumnado, puesto que tanto el espacio como el tiempo son un recurso pedagógico esencial para desarrollar las capacidades del alumnado.

Por ello, en el presente artículo se ofrece una visión general sobre la importancia de este aspecto, una serie de criterios para realizar esta organización de forma correcta y una propuesta innovadora para la evaluación de la organización espacial del contexto educativo: el método DAVOPSI, encargado de analizar los diversos espacios dentro y fuera del aula y sus características.


INTRODUCCIÓN

Todo maestro que desarrolle su práctica docente en la etapa de Educación Infantil debe saber que todos los elementos de la programación son relevantes, pero hay uno de ellos al que, por lo general, no se le da especial atención y es de los más importantes: la organización espacio-temporal del aula.

Vivimos en una sociedad en la que el espacio y el tiempo están muy presentes en la vida cotidiana, cada niño vive en un sitio diferente y, por lo tanto, tiene una concepción del espacio diferente a la de los demás. Por otro lado, el tiempo marca la duración del día y la noche, el ritmo de trabajo, etc.

Además, según Piaget, los niños del segundo ciclo de Educación Infantil (de 3 a 6 años), pertenecen al periodo preoperacional, por lo que, aún no han adquirido las nociones espaciotemporales correctamente y, en consecuencia, tienen dificultades para predecir los momentos de la jornada como la asamblea, el desayuno, los rincones… por lo que necesitan de un ambiente organizado que le proporcione seguridad y unas rutinas que le permitan ir adquiriendo el concepto de tiempo.

Esta función, la organización espacial y temporal, debe ser responsabilidad del Equipo Docente tras reflexionar profundamente sobre ello, puesto que no hay un modelo organizativo que sirva para todo el mundo, el único criterio sería que esta organización fomente el desarrollo integral de los más pequeños.

En conclusión, los espacios y los tiempos tienen una influencia en el proceso educativo de un centro educativo mayor que otros factores como por ejemplo las intenciones educativas, ya que estas, necesitan condiciones espacio-temporales para llevarse a cabo adecuadamente. Por ello, cada centro establece unos criterios generales en cuanto al espacio y el tiempo: criterios de uso de los espacios, distribución de los espacios comunes y dentro del aula, horario lectivo del centro, salidas y actividades comunes del centro, etc.

Por ello, a lo largo de este artículo vamos a tratar aspectos esenciales relacionados con los criterios de organización del espacio y el tiempo, la evaluación del espacio y el tiempo, la importancia de las rutinas, etc.

ORGANIZACIÓN TEMPORAL

En primer lugar, el tiempo en la etapa de Educación Infantil debe caracterizarse por la flexibilidad, es decir, podemos establecer un horario para la jornada semanal pero este debe estar abierto a posibles modificaciones por incidencias o acontecimientos que aparezcan y que no teníamos previstos, por ello, debemos organizar la jornada entorno a una serie de ejes vertebradores que constituyen las rutinas. Estos momentos o ejes también deben ser flexibles en cuanto a su duración, ya que esta dependerá de la atención o interés que ponga el alumnado pero debe ser completamente fijo en su secuencia para que la rutina pueda ser aprendida por el alumnado.

Además, no podemos olvidar que la organización temporal debe respetar las necesidades de los menores y los ritmos individuales siendo estos ritmos de actividad, de descanso y de juego, teniendo en cuenta que, según Lurcat (1986): “Para tratar de los derechos y necesidades, se partirá de la siguiente idea: los derechos son los mismos para todos los niños. Las necesidades, en cambio, pueden ser comunes a todos, específicas de ciertas categorías y particulares de los individuos. De tal manera que, para que los derechos de todos sean respetados, hay que satisfacer las necesidades que se manifiestan como prioritarias en ciertas situaciones.” (Pág. 216)

En el primer ciclo de Educación Infantil, esta organización debe tener como objetivo solo la satisfacción de necesidades básicas pero en el segundo ciclo ya debe potencias los aprendizajes y socialización del alumnado.

En cada comunidad, existe un Decreto u Orden que establece el horario lectivo para la etapa de Educación Infantil pero la temporalización de las actividades durante un curso escolar es responsabilidad del docente y debe estar basada en los objetivos previamente establecidos, las características psicoevolutivas del alumnado y la legislación actual.

En cuanto a los criterios más importantes para la distribución y organización adecuada del tiempo destacan:

  • Debe respetar la globalidad del niño y del centro educativo: respetar su edad, las características del grupo-clase, la duración de la jornada, los recursos de los que disponemos, los espacios educativos, etc.
  • El horario debe ser conocido y comprendido por el grupo-clase para ir adquiriendo la noción del tiempo y orientarse en él.
  • Las familias también deben conocer esta organización.
  • Programaremos las actividades atendiendo a la curva de fatiga de los niños y niñas.
  • Alternaremos actividades que requieran mayor esfuerzo de concentración con aquellas que estén más centradas en sus intereses.

Además del tiempo que dedicamos a la jornada escolar, también debemos tener en cuenta otros tiempos.

Por un lado, el tiempo que dedicamos a las familias puesto que si queremos cumplir con el objetivo de formar personas autónomas y de consolidad valores y relaciones democráticas se hace imprescindible una relación permanente entre familia y escuela. En este tiempo nos encargaremos de proporcionarles la información necesaria, formar y orientar a los padres y proporcionar situaciones y cauces de colaboración y comunicación, así como permitir su participación y presencia en la vida del centro.

También necesitamos tiempo para nosotros, como docentes. Nuestra labor educativa es muy importante y, por tanto, muy compleja, puesto que no solo trabajamos durante la jornada escolar sino también antes o después de ellas. Por este motivo necesitamos un tiempo para planificar o evaluar (elaborar la programación o el proyecto educativo de centro, hacer un seguimiento del alumnado, evaluarlo, etc), hacer los intercambios de información con los padres (reuniones, encuestas, entrevistas…) y seguir formándonos (realización de cursos, asistencia a congresos, conferencias o jornadas, etc). Esta última función es muy importante, puesto que no somos obras concluidas, debemos seguir formándonos como educadores, aprender cosas nuevas cada día ya que tanto los niños como el mundo en general va cambiando.

Por último, también debemos dedicar un tiempo a los niños, paralelamente a la jornada escolar, para atender a la diversidad (diferentes intereses, necesidades, estilo de aprendizaje, ritmos, situaciones sociales, étnicas, de inmigración, de salud…), a sus necesidades especiales… Esto lo conseguiremos dedicando un tiempo al diseño de actividades de apoyo, refuerzo y ampliación. También debemos dedicar un tiempo fuera del horario escolar a fiestas, visitas, excursiones…

Siguiendo en esta línea, especial atención merecen las rutinas, que como se viene diciendo a lo largo de este artículo, permite al niño tener una referencia para adquirir las nociones temporales. Las rutinas son aquellas actividades que repiten cada día en la misma secuencia y permite el desarrollo de hábitos y de la autonomía personal. En un aula de infantil, las más importantes suelen ser: la llegada al aula, la realización de la asamblea, el desarrollo de actividades, el desayuno y recreo, vuelta al aula y hábitos de higiene, sesión de relajación, rincones y, por último, recogida del material y despedida.

ORGANIZACIÓN ESPACIAL

En segundo lugar, resulta fundamental organizar el aula de manera que atraiga la atención de los niños, que respete sus necesidades básicas y sobre todo que esté organizada de un modo que proporcione seguridad y confianza. De esta forma, también conseguiremos que lo más pequeños amplíen y afiancen adecuadamente las relaciones entre iguales, desarrollándose en un entorno caracterizado por el respeto.

En este sentido, Sallán (1996), sostiene que el espacio educativo es un elemento que permite que la acción educativa esté organizada y, para ello, debemos tener en cuenta como docentes el espacio físico donde se va a actuar, el tiempo del que vamos a disponer para desarrollarla y los recursos, tanto didácticos como materiales, que necesitamos para iniciarla.

En definitiva, el espacio, el tiempo y los recursos son elementos que requieren una especial consideración en cualquier centro educativo, pero, debemos prestar especialmente atención a la disposición del ambiente, puesto que, según Loughlin y Suina en 1987: “influye de forma significativa en aquellos que lo ocupan, como ha sido reconocido hace mucho tiempo por profesionales de la educación. El espacio, por consiguiente, es algo presente en cualquier manifestación humana y, por tanto, lo es también en la institución escolar, mereciendo atenciones didácticas y organizativas” (p.334).

En el aula, cada objeto debe tener un sitio fijo para que los alumnos sepan siempre donde ir para disponer de ese material y, además, la distribución espacial debe permitir a los niños moverse libremente. En cuanto a los materiales, deben ser muy variados y tener múltiples posibilidades y, aunque sean proporcionados por le centro, es función del docente distribuirlos por toda el aula.

Existen muchísimos modelos para organizar el aula. Entre ellos, el más destacado es el de Zabalza (1987):

  • El modelo de los rincones de juego o actividad: consiste en dividir el aula en diversos espacios donde se realizan diferentes actividades relacionadas con las necesidades básicas del niño como, por ejemplo, el rincón del juego simbólico, de la grafomotricidad, etc. Este modelo permite al niño reconocer visualmente las posibilidades de actividad y los materiales de cada rincón.
  • El modelo de Frabboni (1984): consiste en ocho centros de interés, seis que se desarrollan en espacios comunes y dos que se desarrollan dentro del aula. Estos centros son: el gráfico-pictórico, el teatral-musical, el plástico-manipulativo y de los oficios, el familiar, el lúdico, el de lenguajes y el lógico-matemático.
  • El modelo High-Scope: basado en la teoría cognitivista del desarrollo evolutivo de Piaget y consiste en dividir el aula en siete áreas: el área de la casa, de los bloques, de las construcciones, del descanso, del recreo, de la expresión artística y de la expresión musical.

También podemos hacer referencia a otros modelos históricos como

  • “La casa dei Bambini” de María Montessori: esta autora sostenía que la preparación del ambiente educativo es muy importante. Todo debe estar organizado, reflejándose en este orden el tiempo y el espacio para que el niño lo interiorice y respete el lugar donde se encuentras los materiales y la distribución temporal de la jornada. Además, consideraba que tanto el material como los muebles deberías despertar en el niño el interés por observar, manipular e investigar.
  • “Escuela materna” de Rosa y Carolina Agazzi: ambas establecieron que tanto el espacio como el horario debían distribuirse tomando como referencia el hogar materno y las actividades debían ser planificadas para que no disturbaran el ritmo natural de la familia.
  • “L’ecole d’Ermitage” de Decroly: esta organización se basa en proporcionar al niño un ambiente adecuado y ofrecer las actividades en un orden que permitan al niño adaptarse a los ambientes a los que el niño deberá hacer frente fuera del aula y del centro educativo.

En cuanto a los criterios que debemos tener en cuenta para la distribución y organización del espacio son:

  • Necesidades de los alumnos:
  • Fisiológicas: higiene, descanso, seguridad… Son las necesidades básicas en la vida del niño.
  • Afectivas: el docente debe tener una actitud de seguridad, tranquilidad, disponibilidad para hablar con el alumno…
  • Autonomía: la distribución del espacio debe permitir un buen acceso autónomo a los materiales y espacios eliminando barreras.
  • Socialización: el espacio debe propiciar las relaciones entre iguales, el trabajo en equipo, el conocimiento del entorno, los intercambios lingüísticos, etc.
  • De movimiento: el espacio debe ser libre, es decir, que permita el libre movimiento.
  • De expresión: el docente debe despertar el interés en el alumnado por el intercambio verbal a través de juegos de palabras, canciones, cuentos…
  • De experimentación y descubrimiento: debe ser un ambiente rico en estímulos, donde los niños tengan ganas de explorar, manipular, observar, conocer y, sobre todo, aprender.
  • La organización debe ser flexible.
  • Debe atender a la diversidad y a los ACNEAE.
  • Los materiales deben ser alcanzables para todo el mundo.
  • Reflexionar sobre la colocación de los muebles que permita el libre movimiento.
  • Evaluar el uso que los niños dan al espacio para modificarlo si es necesario.
  • Dedicar un espacio a los adultos donde poder relajarse y planificar la intervención.

Teniendo en cuenta estos criterios, resulta conveniente establecer una serie de espacios que son más o menos imprescindibles en esta etapa dentro del aula:

  • Zona de trabajo colectivo: debe favorecer el intercambio verbal y el trabajo en grupo. Si el grupo-clase no es muy numeroso pueden formar un solo grupo con todos los alumnos.
  • Zona de trabajo individual: formado por mesas para los niños que faciliten el trabajo individual.
  • Zona de expresión plástica: dónde podrán dibujar, pintar, usar diferentes técnicas y formas de expresión…
  • Zona del juego simbólico: en ella los niños podrán interpretar diferentes roles y desarrollar su creatividad e imaginación.
  • Biblioteca de aula: debe disponer de una buena iluminación, evitar los excesos de ruido y tener muchos libros y muebles que faciliten la lectura.
  • Zona lúdica: debe tratarse de un espacio amplio que permita el movimiento.
  • Zona de exposición: lugar donde se expondrán los trabajos del alumnado tanto individuales como colectivos, así como carteles o dibujos relacionados con sus centros de interés.

En cuanto a los espacios exteriores, también se consideran espacios educativos y deben cumplir con una serie de requisitos que hagan que posibiliten la actividad y el juego:

  • Deben ser espacios amplios y con un acceso directo desde las aula.
  • Debe disponer de pequeños espacios a la sombra para resguardarse de el calor y con acceso a alguna fuente de agua potable.
  • Deben crearse diferentes áreas donde se puedan realizar diferentes actividades.
  • Debe haber diferentes tipos de suelo según las actividades: arena, hormigón…
  • Deben disponer de objetos simbólicos.
  • Debe haber zonas de silencio donde puedan descansar o relajarse y otras donde puedan hacer ruido pero sin causar situaciones de agresividad o estrés.
  • Y, por último, se deben aprovechar los recursos naturales como las zonas verdes.

Las zonas que se pueden establecer en el patio son: zona de transición aula-patio, zona del huerto, zona del arenario, zona de descanso, zona de estructuras fijas, zona de estructuras móviles, zona verde y zona de juego simbólico.

EVALUACIÓN DEL ESPACIO Y EL TIEMPO

Por último, resulta esencial destacar la importancia de evaluar la organización del espacio y el tiempo para realizar las modificaciones necesarias.

Podemos utilizar indicadores de evaluación que faciliten esta tarea como, por ejemplo:

  • Frecuencia de uso de cada zona.
  • Comodidad del espacio para introducir cambios.
  • Espacios que generen algún tipo de problema al alumnado.
  • Hemos tenido situaciones de estrés.
  • Hemos tenido situaciones de relajación y disfrute.
  • El tiempo dedicado a las actividades ha sido suficiente, etc.

Además, no debemos olvidar que en la evaluación deben participar todos los miembros de la comunidad educativa: familias, alumnos, docentes, Equipo Directivo, personal de administración, etc.

En cuanto a las técnicas de evaluación podemos preguntar directamente a los niños, hacer encuestas o entrevistas a las familias o personal no docente, analizar el desarrollo de las actividades, grabarlas en video, etc.

Otro detalle importante es cuándo evaluar. La evaluación debe ser continua, realizándola en plazos para no olvidar su realización: dedicar un apartado de la programación, al final de cada trimestre como si fuera parte de la evaluación del proceso de enseñanza y al final del curso incluyéndolo en la memoria.

EL MÉTODO DAVOPSI

Uno de los métodos más innovadores a la hora de evaluar el espacio educativo es el método DAVOPSI (Dispositivo de Análisis y Valoración de la Organización Pedagógica de la Escuela Infantil).

Se trata de un instrumento de evaluación del espacio del aula que nació entre 2004 y 2006 tras un trabajo realizado por ALICE y en el que participaron diversos maestros y centros educativos y su función es evaluar la calidad de la organización del contexto del aula para ayudar a los maestros a reflexionar sobre ella. Sin embargo, no se centra en el trabajo individual del docente sino en la calidad de la organización especial.

Este dispositivo puede ser usado por cualquier maestro de cualquier centro y en cualquier momento situación para mejorar la organización del espacio educativo o para descubrir los puntos fuertes y débiles de este. Además, ayuda a visualizar el espacio de una manera más detallada y hacer que la acción educativa sea más organizada y cuidada.

En cuanto a su composición, está formado por cuatro escalas ordinales que hacen referencias a diferentes aspectos organizativos de la escuela y son denominados “áreas de interés”.

Su funcionamiento consiste en analizar cada una de las dimensiones del espacio educativo, tanto exterior al aula como interior siendo estas:

  • El ambiente: es un agente educativo de primer orden que debe respetar las necesidades básicas de los niños y hacerlos partícipes de su propio aprendizaje.
  • Los objetos: debe haber varios objetos en el espacio que sean pertenencia del alumno.
  • La privacidad: el espacio debe estar estructurado de un modo que permite a los niños organizarse y trabajar en equipo evitando posibles conflictos.

A continuación, se muestran los resultados que se obtuvieron con el análisis de la primera versión de este método.

Tabla 1. Resumen del análisis de la primera versión de DAVOPSI.

  VALORES MEDIOS DESVIACIÓN ESTANDAR
IMPORTANCIA 2,47-2,85 0,37-0,64
CLARIDAD 2,49-2,84 0,39-0,64
EXHAUSTIVIDAD 2,49-2,84 0,39-0,64
IDEA DE CALIDAD 2,48-2,86 0,37-0,64

 

El uso del dispositivo durante el curso escolar 2002-2003 dio lugar a una valoración positiva de este instrumento, aunque no se usó para evaluar la organización espacial sino para valorar los ítems del instrumento y la filosofía de fondo. En realidad, este trabajo sirvió para descubrir las limitaciones del dispositivo para que se acercara más a la calidad de los docentes.

En definitiva, actualmente el método DAVOPSI se considera un instrumento de calidad puesto que tiene una formulación clara, unos criterios aprobados tras un consenso y una filosofía compartida por un grupo representativo de docentes.

En cuanto a la evaluación del método DAVOPSI, Bondioli, F. en 2004 explicó la forma que tenía este instrumento de evaluar la organización espacial y temporal. Lo hace a través de unas tablas con unos ítems concretos y muy detallados y le atribuye a cada ítem un valor entre 1 y 5 según el nivel de satisfacción y el logro de los objetivos previamente propuestos.

Para finalizar, destacamos lo que sostuvo en 2004 Bondioli sobre la evaluación de dicho método:

“En nuestro modelo la función atribuida a la evaluación es esencialmente formativa. Una función formativa de la evaluación entendida, como un medio para innovar y mejorar una realidad, un fenómeno, un servicio educativo, como una actividad cuya finalidad es capacitar a los operadores para que desempeñen su propia tarea educativa mediante la promoción de actitudes autoreflexivas, que permitan una mayor concienciación, y la posibilidad de revisión continua y mejor dirigida del propio trabajo, que les ayude a desarrollar una profesionalidad dotada de “poder” de deliberación y acción. En nuestro modelo, la función formativa de la evaluación asume un carácter marcadamente educativo, en la medida en que se supone que el proceso activado tiene una función de transformación, lo que induce a una modificación de las actitudes, facilita la adquisición de capacidades y conocimientos, enriquece y articula la experiencia de los participantes con respecto al objeto que se pretende valorar y promueve un proceso de formación continua” (Pág. 31)

CONCLUSIÓN

La organización del espacio y del tiempo son dos recursos importantes en la etapa de Educación Infantil, tal y como se establece en las orientaciones metodológicas del currículo actual vigente. De hecho, autores relevantes como Ausubel, Piaget, Palacios o Gallego afirmaron que tanto el espacio como el tiempo eran elementos fundamentales a tener en cuenta en la etapa de Educación Infantil.

Como ya se ha mencionado anteriormente, no existe una manera de organizar el aula que sea perfecta o válida para todos. Hay que tener en cuenta los requisitos establecidos por la ley y que tanto la distribución temporal como los espacios utilizados por los niños durante toda la jornada escolar deben tener una intencionalidad educativa.

Como docentes, debemos crear un clima cálido y seguro para que los alumnos se sientan con confianza y relajados, que les permita construir aprendizajes significativos, interactuar con el entorno y desarrollarse a nivel personal, afectivo, social y interlectual.

La organización del espacio y del tiempo en el aula debe perseguir la consecución de los principios básicos de la Educación Infantil así como las competencias básicas establecidas en el artículo 6 de la LOMCE, el desarrollo de una metodología activa y participativa y sobre todo coherente con la acción educativa y atender a las características grupales e individuales de los niños y niñas.

Además, es importante que como docentes variemos nuestra organización el aula. No consiste solo organizar el espacio y el tiempo del que disponemos sino también de observan cómo se comporta el alumnado ante esta organización y, para ello, es fundamental que realicemos un seguimiento para conocer los puntos fuertes y débiles de dicha organización y hacer las modificaciones necesarias para mejorar la calidad de nuestro proceso de enseñanza.

Finalizamos la conclusión con una cita de Loris Malaguzzi para reflexionar:

“…el ambiente escolar debe ser como una especie de acuario en el que se reflejen las ideas, el estilo moral, las actitudes y la cultura de las personas que en él viven”.

En definitiva, la distribución y organización del espacio y del tiempo como recurso educativo se convierten en un pilar básico de cada metodología docente y deben ser ejes organizadores de los hábitos, rutinas, rincones, talleres, etc., que desarrollemos en nuestra aula de Educación Infantil. Como educadores debemos ofrecer a nuestros alumnos actividades y experiencias que les permitan una formación integral y desarrollarse en los distintos ámbitos de manera armónica.

BIBLIOGRAFÍA

Para la elaboración de este artículo, se ha consultado la siguiente bibliografía:

Referencias legislativas:

A nivel nacional:

  • Ley orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (BOE Nº106 DE 4-5-2006).
  • Ley orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la mejora de la calidad educativa (BOE nº295 de 10-12-2013).
  • Real Decreto 1630/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas del segundo ciclo de Educación Infantil (BOE nº4 de 4-1-2007).
  • Real Decreto 132/2010, de 12 de febrero, por el que se establecen los requisitos mínimos de los centros que impartan las enseñanzas del segundo ciclo de la educación infantil, la educación primaria y la educación secundaria

A nivel autonómico:

  • Ley 17/2007, de 10 de diciembre, de Educación de Andalucía.
  • Decreto 428/2008, de 29 de Julio, por el que se establece la ordenación y las enseñanzas correspondientes a la Educación infantil en Andalucía.
  • ORDEN de 5 de agosto de 2008, por la que se desarrolla el Currículo correspondiente a la Educación Infantil en Andalucía

Textos de carácter específico:

  • Bondioli, A. (Ed.). (2004). O tempo no cotidiano infantil: perspectivas de pesquisa e estudo de casos. Cortez.
  • Kamii, C. y Devries R. (1995). La teoría de Piaget y la Educación Preescolar. Editorial Antonio Machado.
  • Lebrero Baena, M. (2009). Especialización del profesorado en educación infantil (0-6 años). Madrid: UNED.
  • Loughlin, C. y Suina, J.H. (2002). El ambiente de aprendizaje: diseño y organización. Madrid: Editorial Morata.
  • Lurçat, L. (1986). Il bambino e lo spazio: Il ruolo del corpo [The child and the space: The role of the body].  Florence, Italy: La Nuova Italia.
  • Medrano Escudero, A. (2013). Análisis de la organización del espacio escolar en la etapa de Educación Infantil. Un estudio de caso. Universidad de Palencia.
  • Parra, J.M. La Educación Infantil: su dimensión didáctica y organizativa. Madrid: Editorial Grupo Universitario.
  • Rodríguez Cancio, M. (2004). Materiales y recursos en educación infantil. Madrid: Editorial Ideas Propias.
  • Sallán, J. G. (1996). La organización escolar: contexto y texto de actuación. Editorial La Muralla.
  • Vilchez Vallejo, E.B. (2017). ¿Para qué programar en Educación Infantil? Madrid: ICB Editores.
  • VVAA (2010). Historia y perspectiva actual de la educación infant Barcelona: Graó.
  • Zabalza, M. (2010). Didáctica de la Educación Infantil. Madrid: Narcea.

Webgrafía

Ana Providencia Morente Saco

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