El juego en Educación Infantil

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El juego ocupa gran parte de la actividad del niño, diferentes estudios realizados al respecto, y difundidos por el Observatorio del Juego Infantil, estiman que más del 60% del tiempo que un niño pasa despierto es empleando en él. Esta tendencia a lo lúdico, es fruto de la voluntad propia, es algo que surge de una de forma natural e innata.

El juego infantil es un factor esencial en el desarrollo integral de los niños y las niñas, y constituye en sí mismo, la base de los valores de la convivencia. Esta importancia quedó plasmada con su reconocimiento como un derecho fundamental de la infancia en la Declaración de los Derechos del Niño, de 1959, y la Convención sobre los Derechos del Niño, de 1989.

Desde esta perspectiva, la etapa de Educación Infantil, es considerada como referente y pieza clave para fomentar esta actividad innata en el niño.

Evolución del juego en el niño

Inicialmente, el juego está presente en el niño con un marcado carácter adaptativo y sensorial. El juego representa en las primeras etapas del desarrollo una puesta en acción de la capacidad de construir y operar desde los estímulos que en él provoca el entorno físico, los objetos y su propio cuerpo, elaborando a partir de ello, respuestas complejas de carácter motórico y manipulativo, utilizando como motor principal, su propio cuerpo.

De una manera progresiva, el niño le va aportando significado, simbolismo y comunicación, convirtiéndolo en ocasiones, en un proceso simbólico. Al respecto, (Piaget,1969), los denomina como juegos simbólicos, juegos de imaginación o de imitación. De acuerdo a este autor, estos juegos constituyen una actividad real del pensamiento que consiste, en satisfacer al yo mediante una transformación de lo real en función de los deseos.

De esta manera, el juego simbólico, según el psicólogo suizo (Piaget, 1969), traslada al niño al mundo de las ideas, y a lo que dicho autor considera como el mundo de la verdadera inteligencia humana. Gracias a la aparición del mismo, el niño comienza a aprender reglas, que serán la base de las actividades y los procesos humanos.

Beneficios del juego en el niño

Actualmente, no existen dudas de la enorme relevancia que cobra el juego en el desarrollo del niño pero, quizás nos preguntemos o necesitamos comprobar en qué aspectos presenta una mayor relevancia esta actividad. ¿Cómo influye realmente el juego en el desarrollo del niño?

Potencia la creatividad y la imaginación: el niño, de manera innata, es capaz de establecer una situación de juego, prácticamente en cualquier lugar y con cualquier objeto que se le presente, ello es un rasgo innato que define al ser humano.

Gran parte de los juegos con lo que experimenta el niño, permiten estimular su pensamiento abstracto y aprender a resolver problemas imaginando posibles soluciones. En este sentido, cobra especial relevancia, el juego simbólico, en el que el niño se inventa su propio mundo a partir de aquello de lo que vive, adaptándolo a sus necesidades.

Contribuye a su desarrollo psicomotor: La actividad lúdica es un ejercicio con significativas consecuencias en el desarrollo motor. No solo permite mejorar el equilibrio y la coordinación óculo-manual sino que además contribuye a un entrenamiento para consolidar hitos motores como son: la marcha, el salto y la carrera. Todo ello se hace posible, gracias a la maduración nerviosa de los principales centros cerebrales implicados y a los numerosos estímulos que el niño recibe del entorno.

Estimula el desarrollo cognitivo: el juego, permite al niño representar al mundo que le rodea, estableciendo sus propios símbolos. De esta manera, el niño es capaz de imitar las actitudes y comportamientos de los adultos. A través del juego, el niño obtiene nuevas experiencias, comete fallos y aciertos, aplica esquemas previos y resuelve los problemas que se le plantean, fomentando de esta manera, básicos y decisivos, procesos cognitivos.

Contribuye a su proceso de socialización: la interacción con los adultos y con sus iguales mediante el juego es mucho más sencilla y natural que hacerlo de forma directa. Por eso, los niños utilizan las actividades lúdicas como una herramienta para comunicarse con las personas que le rodean y hacer nuevos amigos. Como consecuencia, el juego se convierte en uno de los primeros agentes socializadores del niño.

Modela la personalidad: a medida que el niño crece, comienza a explorar su entorno y a aprender de éste. Empieza a conocer objetos diferentes, a experimentar nuevas vivencias y a descubrir cosas anteriormente, no conocía. De esta manera, el niño se empieza a interesar por lo realmente le gusta y le atrae. En este proceso va desarrollando cierto nivel de autonomía, separándose de los padres y ganando en independencia.

Podemos considerar al juego como una actitud ante la realidad, ante los objetos, ante los otros y ante nosotros mismos. Adoptando de esta manera una perspectiva más aproximada a la idea de:

El niño no aprende a jugar, sino que juega a aprender”

Referencias

  • ANCÍN, M.T. (1989): Cuerpo, espacio, lenguaje. Ed. Narcea. Madrid.
  • ARRANZ, J.D. (1995): Juegos al aire libre. Educación Infantil y Primaria. Ed. Escuela Española. Madrid.
  • GUTIERREZ, R. (1997): El juego de grupo como elemento educativo. Ed. CCS. Madrid.
  • OPPENHEIM, J.F. (1990): Los juegos Infantiles. Ed. Martínez Roca. Barcelona.
  • PIAGET, J E INHELDER, B. (2008): Psicología del niño. Ed. Morata. Madrid.
  • SPENCER, Z.A. (1976): 150 Juegos y actividades Preescolares. Ed. CEAC. B
  • Banner Elk/USA. (2014) Figura.1. Blocks child toy [fotografía]. Recuperado de  https://pixabay.com/photos/blocks-child-toy-education-game-503109/

Yolanda Calaveras Ramos

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