Doble perspectiva de la prevención de riesgos laborales en el ámbito docente.

Existe una expresión popular, como recuerda Molina (2010), que dice que es mucho mejor prevenir que curar, ya sea en términos humanos, sociales o económicos. Son muchos y variados los beneficios que se derivan de la prevención de riesgos laborales y que están encaminados a minimizar los datos cruentos de nuestra siniestralidad laboral.

En este sentido, en materia legislativa se encuentra la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales, que establece en su artículo 14.2 que “El empresario deberá garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores a su servicio en todos los aspectos relacionados con el trabajo. A estos efectos, en el marco de sus responsabilidades, realizará la prevención de los riesgos laborales mediante la adopción de cuantas medidas sean necesarias para la protección de la seguridad y la salud de los trabajadores” y, afinando en materia educativa, la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, modificada por la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa, que establece en su artículo 40, como uno de los objetivos de la Formación Profesional, el de: “Trabajar en condiciones de seguridad y salud, así como prevenir los posibles riesgos derivados del trabajo”.

Centrándonos en el sistema educativo, y siguiendo a Alguacil (2009), la prevención de riesgos laborales en la enseñanza tiene doble importancia. De un lado, desarrollar el trabajo en condiciones de seguridad y, de otro, crear hábitos de seguridad en los centros docentes para concienciar a los alumnos, futuros trabajadores y empresarios, de las ventajas que se traducen al actuar con seguridad.

Así pues, es interesante, observar cómo en la actualidad la prevención de riesgos laborales forma parte de las programaciones didácticas de la Formación Profesional en el sistema educativo, dado que los reales decretos que regulan los títulos de técnico contemplan en sus objetivos la generación de entornos seguros en el desarrollo del trabajo, supervisando y aplicando los procedimientos de prevención de riesgos laborales y ambientales, de acuerdo con lo establecido por la normativa y los objetivos de la empresa. Además, la propia prevención de riesgos laborales en el ámbito docente también debe ser contemplada como un apartado esencial de dichas programaciones.

De esta manera, los docentes deben prever los riesgos a los que los futuros técnicos podrían exponerse en su actividad laboral; entre ellos: riesgos físicos, químicos, biológicos, ergonómicos, psicológicos, mecánicos, ambientales y otros más específicos (como trabajo con pantallas, trabajo nocturno y por turnos, trabajo con nanotecnología o seguridad vial).

En cuanto a los riesgos docentes específicos en el aula ordinaria, siguiendo a Ballesteros y Zornoza (2017), mayoritariamente, son: riesgos psicosociales, músculo-esqueléticos, del aparato fonador y derivados del trabajo con pantallas de visualización de datos (PVD). Respecto a los riesgos psicosociales más habituales (estrés laboral, síndrome del quemado, hostigamiento psicológico, carga mental, etc.), los citados autores proponen una serie de medidas preventivas y/o de intervención que dividen organizacionales, sociales e individuales. Por ejemplo: adecuada política de personal, liderazgo democrático, políticas de responsabilidad social, técnicas cognitivas y conductuales, entrenamiento en habilidades sociales, etc. En cuanto a los riesgos músculo-esqueléticos (relacionados con lesiones en el cuello, la espalda, los hombros, los codos, las muñecas, las manos, las piernas y/o los pies), indican que hay que tener en cuenta, como prevención: la realización adecuada de manipulación de carga; la evitación de trabajo repetitivo; la intercalación de tareas; las pausas frecuentes; el cambio de postura; etc. Por su parte, en los riesgos del aparato fonador (los relacionados con la voz), señalan que la prevención primaria puede enfocarse tanto al ambiente laboral (acústica de los espacios cerrados; reducción del ruido ambiental; control de los ambientes con aire acondicionado o calefacción; etc.) como a los propios trabajadores y su voz (mantenimiento de hábitos saludables; respiración adecuada y relajada; utilización de un tono óptimo; proyección de la voz; etc.). Por último, los autores aclaran que la prevención de los riesgos derivados del trabajo con pantallas de visualización de datos no solo se refiere a los riesgos de la pantalla, sino que analiza los principales materiales del puesto (teclado, mesa de trabajo, silla, documento, atril, reposapiés, iluminación); respetar las recomendaciones sobre las características de estos o sobre su uso, es la mejor medida preventiva en este caso.

Se constata así que, con carácter general, nos encontramos en un punto de inflexión en la prevención de riesgos laborales, avanzando desde una cultura indemnizatoria a una cultura preventiva; también en el sistema educativo.

BIBLIOGRAFÍA

  • Alguacil Cuenca, P. (2009): La prevención de riesgos laborales. Guía básica para docentes. Región de Murcia: Consejería de Educación, Formación y Empleo.
  • Ballesteros de Diego, M. A. y Zornoza Cantos, R. M. (2017): Unidad didáctica 3 Riesgos específicos y su prevención docente de aula ordinaria en “Formación Inicial en Prevención de Riesgos Laborales para Personal Docente”. Consejería de Educación, Cultura y Deporte. Castilla – La Mancha.
  • Molina Martínez, A. (2010): La prevención de riesgos laborales. Un tema educativo emergente. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca.

María Luz Serrano Martínez.

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