Psicomotricidad. La sesión de educación física en la etapa de educación infantil.

INTRODUCCIÓN

Desde una doble perspectiva (como maestro de Educación Primaria especialista en Educación Física y como maestro en Educación Infantil), que posee bastantes aspectos de conexión en la práctica, me surge la idea de elaborar una revisión histórica y bibliográfica en cuanto a la Psicomotricidad para buscar puntos de encuentro entre ambos campos; sin olvidar lo que tiene que decir la legislación educativa vigente y, sólo así, poder reflexionar y extraer unas conclusiones finales.

Por ello, con este artículo se pretende analizar el estado de la cuestión en el que se encuentra dicha materia en el momento actual.

El progresivo descubrimiento del propio cuerpo como fuente de sensaciones, la exploración de las posibilidades de acción y funciones corporales, constituirán experiencias obligatorias sobre las cuáles ir construyendo el pensamiento infantil. De igual forma, las relaciones afectivas establecidas en situaciones de actividad motriz y, en particular mediante el juego, serán fundamentales para el crecimiento emocional. A la intervención desde la motricidad en la etapa de la Educación Infantil le corresponde la tarea de dar respuestas a estas cuestiones planteadas u otras, como el excesivo sedentarismo o la obesidad infantil.

En el presente artículo, se justificará la necesaria presencia de la motricidad en su forma sistemática (la Educación Física) en la Educación Infantil, y se presentará un proyecto de mediación en la praxis: lúdico, alegre y atractivo. Así, se recogen conceptos y supuestos en torno al desarrollo psicomotor, los contenidos motrices, la expresión corporal, el juego motor y el planteamiento metodológico y programador de la motricidad, en esta etapa educativa.

ANÁLISIS

La Educación Infantil comprende desde el nacimiento hasta que comienza la enseñanza obligatoria. Por lo tanto, hace referencia al período que abarca desde los 0 a los 6 años. Si tenemos en cuenta que, en España, el MECD (ya desde la LOGSE de 1990 y, con redacciones similares, a través de sucesivos textos legales) ha venido proponiendo como objetivo general para la Educación Infantil “estimular el desarrollo de todas las capacidades: físicas, afectivas, intelectuales, sociales y morales”, podremos comprobar que lo que se enseña y cómo se enseña, a través de la motricidad o Psicomotricidad en la Educación Infantil, contribuye ampliamente a lograr dicho objetivo. En los planteamientos de la Administración Educativa para la etapa de Educación Infantil no existe un área específica de Educación Física, aunque sí se recogen contenidos y criterios de evaluación del desarrollo de la motricidad. Esto es debido a que las áreas de experiencia en las que se estructura la Educación Infantil se conciben como un criterio de globalidad y de mutua dependencia. En efecto, en las nuevas leyes educativas el énfasis recae en las competencias, que asumen el rol del protagonista en el marco curricular, con la nueva configuración normativa, como expresa el profesor Pérez Pueyo (2007): “cada una de las áreas debe contribuir al desarrollo de diferentes competencias y, a su vez, cada una de las competencias básicas se alcanzará como consecuencia del trabajo en varias áreas o materias” (p. 84).

Cuando las ciencias humanas estaban regidas por el paradigma dicotómico, que entendía al ser humano como resultado de la adición de dos elementos: cuerpo y espíritu, psique y soma, parecía incuestionable que la competencia del especialista de Educación Física, como su propia denominación indicaba, se refiriera, exclusivamente, a la parte material, al soma, al cuerpo. Muy pronto, en Francia, desde el ámbito de la medicina y, más tarde, desde la psicología, surgirán aportaciones diversas bajo el apelativo genérico de Psicomotricidad.

Así, en los inicios del siglo XX, precisamente en el campo patológico, el médico francés Ernest Dupré introduce el término “psicomotricidad” cuando estudia la debilidad motora en los enfermos mentales. Las ideas de Dupré en torno a los trastornos psicomotores son adoptadas por diversos campos de la ciencia, como la psicología genética (Wallon), la psiquiatría infantil (Ajuriaguerra) y la pedagogía (Picq y Vayer, Le Boulch y Lapierre, y Aucouturier), entre otras disciplinas.

Tras la denominación del término “psicomotricidad” se acogen multitud de concepciones, que muchas veces no son más que distintas matizaciones teóricas sobre un mismo compromiso central. Como señala Pastor Pradillo (1994), es muy frecuente encontrarnos con cuerpos de doctrina semejante bajo denominaciones muy variadas que sustituyen el término de educación física por: educación psicomotriz, motricidad, psicomotricidad, …, etc.

Sin embargo, todo parece indicar que los nuevos planeamientos con los que se aborda el siglo XXI se interesan más por una perspectiva holística, global, integral y conductual, llámese motricidad o actividad física, abandonando las perspectivas analíticas, tan útiles hasta ahora.

Si la motricidad es entendida desde los actuales paradigmas científicos, sus contenidos ya no podrán ser recluidos en áreas biomecánicas, y ésta evidenciará una perspectiva holística, unitaria y global que se manifiesta por medio de la conducta. Desaparecen así las barreras que separaban la Educación Física tradicional del desarrollo de la psicomotricidad o motricidad en la etapa infantil y, al mismo tiempo, se requiere la colaboración de otras ciencias que, como la psicología, la pedagogía, la sociología, la fisiología o la anatomía, aporten la información necesaria para completar un nuevo concepto de doctrina, faciliten el análisis del objeto de estudio y favorezcan el diseño de nuevas técnicas y métodos de intervención desde planteamientos coherentes. Si consideramos que la Educación Física se fundamenta, básicamente, en una motricidad entendida como la capacidad de movimiento, como el desplazamiento en el espacio de un cuerpo o de un segmento de él, estaremos reduciendo su significación a una coincidencia con la biomecánica que, al menos aparentemente, ya parecía superada.

Así, la noción de praxis que define Luria (1974), el esquema sensorio-motor de donde parte el cognitivismo o el movimiento inteligente del que habla Marina (1995), para explicar la conducta, ya no admiten el paradigma dualista, sino que se fundamentan en una inevitable conciliación entre las dos nociones: el movimiento y la conducta (Pastor Pradillo, 2007).

Al igual que sucede en otros países, diversos autores españoles ligados al mundo de la educación participan desde diferentes puntos de vista de esta idea integradora. Uno de los principales impulsores del proceso de unificación es Berruezo (2000).

Este proceso no es otra cosa que el reflejo y la aplicación de una nueva forma de entender al ser humano y, por lo tanto, de entender el cuerpo y las relaciones que entre distintas dimensiones de su naturaleza puedan establecerse. Esta nueva formulación, en la que ya no es posible distinguir los distintos aspectos para otorgarles tratamientos independientes e inconexos, proporciona a la Educación Física una ampliación de sus posibilidades de intervención, y le impondría nuevas competencias y fines.

Por lo tanto, parece inevitable admitir que, dependiendo de la inicial comprensión que de la naturaleza humana se realice, así deberá ser el tratamiento que después se otorgue a los conceptos básicos que integran sus principales dimensiones y, como consecuencia, el diseño metodológico de la praxis con la que se pretenda intervenir en ellos.

En este sentido, la Educación Física en la actualidad, aunque con más de medio siglo de retraso, ha ampliado sus responsabilidades desde potenciar las condiciones físicas básicas o de desarrollo de determinadas destrezas deportivas hasta interesarse por aquellos otros objetivos que la comprensión unitaria del ser humano le permite y le exige ahora: los ámbitos afectivo, cognitivo, tónico-emocional y simbólico. Así, más adelante, se contemplará la globalidad de la conducta analizando los factores perceptivo-motores, los factores físico-motores y los factores afectivos, emocionales y relacionales en los que irrumpirá la intervención desde la motricidad en su forma metódica y ordenada, la Educación Física en la etapa de la Educación Infantil.

En una sociedad en la que ya nos estamos planteando como problema ligado a la salud el excesivo sedentarismo de nuestros jóvenes, debemos admitir que resulta absolutamente necesario que, en los diferentes contextos de desarrollo, se respete la necesidad de movimiento de la infancia y se empiecen a consolidar hábitos de actividad física ya desde los primeros años de vida.

Sin duda, y al margen de los avatares del pasado, hoy parece reconocerse que la Educación Física debe ocupar el puesto que le corresponde en la configuración de una educación de calidad, pues tiene su propia importancia y contribución a la educación, sin más, de las personas, y adquiere, no obstante, una especial relevancia en determinadas etapas educativas, ya que busca el desarrollo armónico de nuestro cuerpo como medio o como instrumento de gran valor para alcanzar la madurez humana, la armonía, un autoconcepto positivo y una razonable autoestima. Y es, también, un ámbito adecuado para el cultivo y desarrollo de buenas conductas y de valores individuales y sociales de gran relevancia, dado que proporciona experiencias que originan actitudes, tanto positivas como negativas. Y estas experiencias, cuanto más tempranas, mejor si son positivas, y más peligrosas si fuesen negativas o de fracaso. Es por ello, por lo que los planteamientos generales sobre Educación Física, como sobre cualquier otra manifestación formativa, deben acomodarse a los destinatarios de la misma.

Recientemente, desde las altas instituciones y administraciones de la actividad física, del deporte y educativas se recomienda el incremento en el currículo de una hora semanal el tratamiento de la Educación Física en las etapas de la Educación Primaria y la Educación Secundaria. De esta forma, dicha asignatura pasaría de tener 2,5 horas semanales (como media) a las 3,5 pretendidas para acercarse a la media europea. Así lo ha anunciado ya D. Marcial Marín, secretario de Estado de Educación, durante su última comparecencia en la Comisión de Educación del Congreso.

Hoy en día, está suficientemente claro que, en los primeros años de vida, unas apropiadas clases y cantidad de actividad física pueden no sólo enriquecer la vida de los niños, sino también contribuir al desarrollo físico, social y cognitivo. Así, de ninguna manera es más importante la Educación Física en nuestra vida como en los años preescolares. La clave para este desarrollo es, por lo tanto, “una apropiada variedad y cantidad”. Eso sí, identificando claramente los ámbitos de actuación que inspiran nuestro trabajo.

Por lo tanto, la implementación o desarrollo de la motricidad, en su forma organizada en la Educación Física, en la etapa de Educación Infantil seguirá una perspectiva globalizadora e interdisciplinar. En el currículo español, el hecho de trabajar la motricidad a través de las distintas áreas o ámbitos de experiencias se debe en gran parte a la concepción de globalidad e interdependencia que tanto se resalta en el desarrollo de esta etapa (Vaca, 1996; Mendiara Rivas, 1997; MEC, 1989 y 1992; Llorca y Vega, 1998; Ahrendt, 1999; LOGSE, 1990; LOCE, 2002; LOE, 2006; Gil Madrona, 2003, y Ruiz Juan, 2003). La pretensión es influir en todos los ámbitos de la conducta de los alumnos, a través de la interrelación de los contenidos motrices, para contribuir a la mejora de su educación integral y global como seres humanos, enfocada hacia la adquisición de una serie de contenidos, como son los que abreviadamente y a modo de compendio presentamos en el siguiente esquema, que buscan el avance y progreso de los niños como consecuencia de la práctica de la motricidad.

 

Fuente: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0123-12942008000200010#f1

De ahí que nuestra actividad en lo referente a la Educación Física en la etapa de Educación Infantil se centrará en el desarrollo o trabajo del equilibrio, la lateralidad, la coordinación de movimientos, la relajación y la respiración, la organización espacio-temporal y rítmica, la comunicación gestual, postural y tónica, la relación del niño con los objetos, con sus compañeros y con los adultos, el desarrollo afectivo y relacional, la sociabilidad a través del movimiento corporal, la adquisición de valores sociales e individuales, la expresividad corporal, lo que supone el controlar y expresar su motricidad voluntaria en su contexto relacional, manifestando sus deseos, temores y emociones. Centrándose, por lo tanto, en el desarrollo psicomotor del niño y, a su vez, trabajar los diferentes aprendizajes escolares utilizando las posibilidades expresivas, creativas y la vivencia del cuerpo en su conjunto. Un tratamiento global e integrado en donde el cuerpo aparece desde todas sus dimensiones motrices. Ya no hay duda que la expresión corporal es una forma de expresión del niño, un medio de enseñanza globalizado, un conjunto de contenidos específicos.

Todo ello debe conjugarse, articularse y ayudarnos a avanzar en el proceso de crecimiento de los niños, favoreciendo su socialización, su sensibilidad y su capacidad comunicativa. Y esta labor trascendente en el proceso de desarrollo de los niños, va a permitir que ellos adquieran una mayor conciencia de sí mismos, de los demás y del entorno en donde se desenvuelven.

CONCLUSIONES

A lo largo de la etapa de Educación Infantil las interacciones de los niños con el entorno social y cultural deben ayudarles a conocer global y parcialmente su cuerpo, lo que contribuirá a su desarrollo integral: físico, intelectual, afectivo y social. Aquí, también adquiere una relevancia especial la adquisición de buenos hábitos de salud, higiene, nutrición y descanso que contribuyen a la consecución de una progresiva autonomía.

Así, la finalidad de la Psicomotricidad o Educación Física (como forma sistemática de la motricidad en la Educación Infantil) es la de contribuir al asentamiento de estos pilares básicos en el desarrollo humano.

Podemos concluir este artículo afirmando que sin maduración física o cerebral no hay progreso. Por ello, como educadores, debemos prestar una dedicación especial a promover el desarrollo psicomotor, pues resulta la base para el avance en los otros campos de desarrollo: cognitivo, lingüístico, físico, etc.

El proceso de investigación-acción colaborativa que se está desarrollado en estos últimos tiempos, está resultando eficaz para promover el cambio docente, que posibilitará el incremento de la autonomía del alumnado de Educación Infantil en sus futuros aprendizajes.

Bibliografía

  • Berruezo Adelantado, P. P. (1996). La Psicomotricidad en España: de un pasado de incomprensión a un futuro de esperanza. Psicomotricidad. Revista de Estudios y Experiencias, 53, 57-64.
  • Gil Madrona, P. (2003). Diseño y desarrollo curricular en Educación Física y Educación Infantil. Sevilla: Editorial Wanceulen.
  • Gil Madrona, P., Gómez Víllora, S., Contreras Jordán, O. R. y Gómez Barreto, I. (2008). Justificación de la Educación Física en la Educación Infantil. Revista Educación y Educadores. Nº. 2 (Vol. 11): 159-177.
  • Gutiérrez Delgado, M. (1992). Psicomotricidad vs. Educación Física de Base. Monografías de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte: 157-160.
  • Mendiara Rivas, J. y Gil Madrona, P. (2003). La psicomotricidad: evolución, corrientes y tendencias actuales. Sevilla: Editorial Wanceulen.
  • Pastor Pradillo, J. L. (1994). Psicomotricidad escolar. Guadalajara: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá de Henares.
  • Pastor Pradillo, J. L. (2007). Perspectiva Psicomotricista de la Intervención. Sevilla: Editorial Wanceulen.
  • Pérez Pueyo, Á. (2007). La organización secuencial hacia las actitudes: una experiencia sobre la intencionalidad de las decisiones del profesorado de Educación Física. Revista Tándem: Didáctica de la Educación Física. Nº. 25: 81-92.
  • Vaca Escribano, M. (1996). Tratamiento pedagógico de lo corporal en educación infantil. Propuesta de un modelo de intervención a través del estudio de un caso en el Segundo Ciclo. Tesis doctoral inédita. Madrid: UNED.

Webgrafía

Normativa

  • Ley Orgánica 2/2006, de 3 de Mayo, de Educación (LOE). BOE Nº. 106 de 4 de Mayo de 2006, 17158-17207.
  • Ley Orgánica 8/2013, de 9 de Diciembre, para la mejora de la calidad educativa (LOMCE). BOE Nº. 295 de 10 de Diciembre de 2013, 97858-97921.
  • Orden ECI/3960/2007, de 19 de Diciembre, por la que se establece el currículo y se regula la ordenación de la Educación Infantil. BOE Nº. 5 de 5 de Enero de 2008, 1016-1036.
  • Real Decreto 1630/2006, de 29 de Diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas del segundo ciclo de Educación infantil. BOE Nº. 4 de 4 de Enero de 2007, 474-482.

 

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