La cultura de pensamiento en las aulas

por | 30 octubre, 2018

Abstract

En este artículo se explica qué es la cultura de pensamiento y se justifica la necesidad de trabajarla en las aulas desde las primeras edades. La cultura de pensamiento está fundamentada en el estudio del Proyecto Zero de la Universidad de Harvard. Como autores de referencia de este proyecto, se encuentran David Perkins, Robert J. Swartz, Ron Ritchhart, Howard Gardner o Shari Tishman, entre otros. El origen del enfoque metodológico en el que se basa este artículo, se encuentra en las aportaciones derivadas de estos autores.


David Perkins al hablar de la cultura de pensamiento, la define como  “una cultura donde el pensamiento es parte del aire”. En la entrevista de Zona educativa en Julio de 1997 y en su libro “Un aula para pensar” habla de que el espíritu del buen pensamiento esté en todas partes. También comenta que debe existir la sensación de que “todos lo están haciendo”. Todos incluso los docentes, se tienen que esforzar para ser reflexivos, imaginativos e investigadores, en definitiva, todos debemos esforzarnos para ser buenos pensadores.

Ron Ritchhart en su libro “Intellectual Character” explica que “Las culturas de pensamiento son lugares en donde el pensamiento del grupo, tanto individual como colectivo, se valora, se hace visible y se promueve activamente como parte de la experiencia cotidiana de todos los miembros del grupo”

En este mismo sentido, Perkins (2001) en el libro “Un aula para pensar” habla de “preparar a los alumnos para que en un futuro puedan resolver problemas con eficacia, tomar decisiones bien meditadas y disfrutar de toda una vida de aprendizaje”.

Una vez conocido qué es la cultura de pensamiento, vamos a justificar  su importancia  y la necesidad de trabajarla en nuestras aulas.

Para dar respuesta a los cambios en la sociedad, los docentes deben preparar a sus alumnos para ser capaces de pensar en el aula y fuera de ella, ahora y en el futuro. “El objetivo de enseñar a pensar es el de preparar a los alumnos para que, en el futuro puedan resolver problemas con eficacia, tomar decisiones bien meditadas y disfrutar de toda una vida de aprendizaje”  (Perkins, 2001).

La necesidad de enseñar a pensar no es nada nuevo. Muchos profesores llevan décadas, por no decir siglos, utilizando en el aula metodologías novedosas que fomentan la capacidad crítica, la resolución de problemas, la toma de decisiones, etc., aunque no ha sido hasta más recientemente cuando ha empezado a quedar constancia de estas técnicas y se han convertido en objeto de estudio. Ya en los años sesenta del siglo pasado Bruce Clark  abogaba por dejar de dar simplemente información y formar mentes capaces de pensar por sí mismas y apela a la responsabilidad de profesor:

Ignorance is dangerous, but knowledge without responsibility may be more dangerous. More than to give information, a teacher needs to help guide a student’s mind to think, and even beyond that, to help him shape his character. Giving information is easy. Forming a thinking mind is hard. And shaping a strong character is hardest of all, partly because it must be shaped mostly from within. Giving information is only the beginning of a teacher’s responsibility; the end is to stimulate, excite, motivate, lift, challenge, inspire.


 (Clark, 1965, p. 28)[1]

Para comenzar con esta metodología, el aula se debe convertir en un lugar privilegiado para fomentar y profundizar el pensamiento y las experiencias de aprendizaje, en el que se encuentren involucrados todos los alumnos. Para ello, es necesario crear una cultura en la que el pensamiento individual y de grupo se haga visible (Ritchhart, 2014) de forma activa en las experiencias cotidianas. Ese es el objetivo del proyecto Visible Thinking.

El citado proyecto, es uno de los que compone el Proyecto Zero de la Universidad de Harvard, junto con otros proyectos de investigación vinculados a la educación y a la psicología evolutiva. Esta propuesta de cambio metodológico basada en trabajar la cultura de pensamiento, deriva del estudio del Proyecto Zero. Es un proyecto educativo creado en 1967 integrado por importantes autores como Howard Gardner, Nelson Goodman o David Perkins, entre otros investigadores. El Proyecto Zero investiga cómo se producen los aprendizajes en niños y adultos, teniendo como objetivo comprender y mejorar los procesos cognitivos de pensamiento de orden superior.

Según los trabajos de los investigadores de este proyecto, para que los estudiantes aprendan es necesario que los docentes, a través de su práctica, desarrollen en el aula una fuerte cultura del pensamiento. Los mejores docentes la trabajarán analizando temas complejos, con la curiosidad, indagación o juego de ideas. Es fundamental tener en cuenta que para que las diferentes estrategias de pensamiento no se conviertan en meros ejercicios sin relevancia, hay que introducirlas en una cultura de aula que invite y favorezca pensar.

De esta manera, Ritchhart (2002), considera que para ayudar a que se desarrolle esta cultura del pensamiento en el aula, existen ocho fuerzas culturales:

  1. Tiempo: La forma de dirigir esta fuerza hacia el pensamiento es dejar tiempo para analizar los temas en profundidad.
  2. Oportunidades: proporcionando a los alumnos actividades que requieran desarrollar el pensamiento y la comprensión.
  3. Rutinas: esta fuerza se orienta a proporcionar herramientas de pensamiento que puedan utilizarse en otros contextos.
  4. Lenguaje: la forma de dirigir esta fuerza hacia el pensamiento es proporcionando a los estudiantes el vocabulario necesario para describir y reflexionar sobre el pensamiento.
  5. Creación de modelos: esta fuerza va dirigida a modelar a los pensadores para que su proceso de pensamiento sea compartido y visible.
  6. Interrelaciones: esta fuerza se dirige hacia el respeto y valoración de otras ideas, en un entorno de colaboración.
  7. Entorno físico: la forma de dirigir esta fuerza es haciendo visible el pensamiento, de manera que se muestre el proceso de desarrollo de ideas, en un espacio en el que se faciliten las interacciones.
  8. Expectativas: hay que transmitir expectativas claras que se centren en el valor de pensar y, como resultado, aprender.

Por tanto, como conclusión a este análisis, se puede decir que si desde la escuela queremos dar respuesta a los cambios de la sociedad, los docentes debemos preparar a nuestros alumnos para ello, para que se enfrenten satisfactoriamente a su vida. Para que esto ocurra, los docentes debemos trabajar la cultura de pensamiento en nuestras aulas, teniendo en cuenta las ocho fuerzas culturales citadas anteriormente. El tiempo, las oportunidades, las rutinas, el lenguaje, la creación de modelos, las interrelaciones, el entorno físico y las expectativas, son todo lo que nos permite conformar esta cultura de pensamiento en el aula.

Notas a pie de página

[1] La ignorancia es peligrosa, pero el conocimiento sin responsabilidad puede ser más peligroso. Más que dar información, un maestro necesita ayudar a guiar la mente de un estudiante para pensar, e incluso más allá de eso, para ayudarlo a moldear su carácter. Dar información es fácil. Formar una mente pensante es difícil. Y formar un personaje fuerte es lo más difícil de todo, en parte porque debe ser formado principalmente desde adentro. Dar información es solo el comienzo de la responsabilidad de un maestro; el fin es estimular, excitar, motivar, levantar, desafiar, inspirar. (Clark, 1965, p. 28)

Bibliografía

Clara Cabrerizo Aparicio

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