Hábitos higiénicos deportivos en escolares de 6-12 años

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  Se puede definir como las normas de prevención de accidentes y enfermedades, y de respeto por el entorno; proporcionan las condiciones idóneas para una mejor calidad de vida y hacen referencia a uno de los principios de la prevención: la higiene.

Creemos que la higiene corporal supone uno de los pilares básicos de la salud pública. No obstante, existe bastante desconocimiento o dejadez hacia las prácticas higiénicas cotidianas correctas.

Entre las consecuencias de una adecuada falta de higiene infantil podemos encontrar: sanitarias (numerosas enfermedades de la piel), rechazo social, psicológicas y escolares.

Los hábitos higiénicos protegen la salud del individuo (hábitos individuales) y la de los demás (hábitos colectivos). Deben aplicarse durante toda la vida, pero, sobre todo, en la práctica de la actividad física. Aquí se exponen algunos de los hábitos que son necesarios incluir en la vida cotidiana de las personas.

Se puede definir la higiene corporal como todos los cuidados que necesita el cuerpo humano para tener más vitalidad y mantenerse en un estado saludable, cumpliendo dos funciones fundamentales: mejorar la salud individual y la colectiva. Delgado y Tercedor (2002).

En una encuesta realizada por Rodríguez Torres (2002) sobre hábitos de aseo personal en niños de 10-11 años, el 30% dice ducharse 1-2 veces por semana. El 67% lo hace 3 veces o más  y se lavan las manos antes de las comidas el 95%.

En un estudio realizado por Almerich-Silla (2004) sobre hábitos higiénicos orales en adolescentes  de entre 12 y 16 años de la Comunidad Valenciana indica que un 52,3% de los niños realiza un cepillado diario más de una vez al día, un 27,3% se cepilla una vez al día, un 3% no se cepilla nunca y un  15,7% lo hace de vez en cuando, siendo el sexo femenino el que presenta mejores indicadores de higiene que el masculino.

En este mismo estudio señala que el 56,4% de los encuestados de 12 años han ido al dentista en los últimos seis meses y un 21,6% lo hicieron entre los 6 meses y un año.

Es importante destacar que si a nivel general los hábitos higiénicos han mejorado ligeramente en el periodo 1998-2004 el patrón de consumo de alimentos con alto contenido en azúcar (bollos, caramelos y golosinas) se mantiene igual.

Por tanto, como educadores, sin olvidar a las familias y a la escuela, debemos garantizar la adquisición de conocimientos básicos de higiene personal y la influencia de estos sobre la salud, fomentando hábitos higiénicos saludables en la infancia.

Desde la escuela se debe promover la idea en los niños de que la higiene es fundamental, tanto para su salud como para su imagen personal. No podemos olvidar que tener una higiene personal depende de uno mismo, siendo fundamental la autoestima,  pues quien se valora y se aprecia se esfuerza por estar sano.

Siguiendo a Tébar (2014), cuando hablamos de “higiene de la actividad física y el deporte” hablamos de un conjunto de medidas y normas que debemos seguir para garantizar una práctica deportiva y un estilo de vida saludable, que permita un desarrollo armónico de nuestro cuerpo, un incremento del rendimiento y un bienestar social.

Nos estamos refiriendo a la interacción que se produce entre el organismo de las personas que practican algún tipo de actividad y el medio en la que se realiza, dicho de otra manera, la relación entre nuestro cuerpo y el clima, espacios deportivos, el agua, la ropa deportiva que usamos, los vestuarios, los materiales deportivos; así como otros tan importantes como, la higiene postural, el descanso y la alimentación.

Como señala Paris (2010), un informe publicado por la entidad de la Organización de Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, en el año 2000, recoge seis recomendaciones elementales para favorecer la promoción de hábitos higiénicos tanto en la familia como en la escuela:

  • Predicar con el ejemplo, tanto en la higiene personal como en la ambiental.
  • Inculcar hábitos desde pequeños, repitiendo frecuentemente el porqué de la higiene.
  • Repetir los hábitos con regularidad, diariamente.
  • Crear un ambiente favorable, en el que los artículos de higiene estén al alcance de los niños.
  • Convertir el momento del aseo en una situación placentera; no castigar sino mostrar los beneficios de la higiene.
  • Ser pacientes, creativos e inventar actividades, métodos y estrategias novedosas.

Figura 1: hábitos de higiene.

Delgado y Tercedor (2002) nos dicen las diferentes zonas del cuerpo donde debemos prestar especial atención en la aplicación de rutinas higiénicas:

Higiene de la piel

Debemos concienciar a los niños que es mejor ducharse que bañarse, al menos tres veces por semana, siendo mejor por la noche, se utilizaran jabones o geles que tengan la acidez similar a la de la piel (PH 6), utilizando mejor nuestras manos para realizar un ligero masaje sobre la superficie corporal. De esta manera se eliminara el polvo mezclad con sudor y otras sustancias, eliminando el mal olor y mejorando la aceptación social.

Además, se deben usar desodorantes no anti-transpirarte y lavarse la cara y las manos por la mañana antes de salir de casa, estas deben lavarse cuantas veces sea necesario, por ser la parte del cuerpo que más utilizamos, tanto para realizar trabajos en los que puede haber contaminación, como en los más pulcros y delicados. Por tal razón se deben lavar, sobre todo, antes de comer, después de ir al baño. Las manos pueden ser una vía de transmisión de muchas enfermedades, por ejemplo la diarrea o gripe.

Es muy importante el cuidado de las uñas, ya que bajo ellas de depositan todo tipo de suciedad favoreciendo el aumento de bacterias.

Además, deben ser cortadas con regularidad, pues pueden producir lesiones  a otros niños con los que se está jugando.

Higiene de los pies

Debemos tener especial cuidado con la higiene de los pies, debido al alto riesgo de contraer enfermedades relacionadas con estos. Debemos inculcar rutinas diarias en la higiene de los pies como lavados frecuentes con agua templada, bien secados, incluido entre los dedos, calcetines limpios todos los días y que estos sean de fibras naturales (algodón, hilo, lana, etc.), comprobando que estos sean de la talla correcta. Durante la actividad física los pies tienen escasa ventilación, por lo que sudan y la humedad se mantiene, favoreciendo la aparición de gérmenes y hongos.

El calzado debe ser el adecuado a la actividad que se esté realizando, debe ser cómodo y flexible, pues un calzado inadecuado puede deformar los pies.

Figura 2: Higiene y malos hábitos

Higiene del cabello.

Mediante su lavado eliminamos la suciedad. Es aconsejable lavarlo dos o tres veces por semana en función del tipo de cabello (graso, seco…), frotando con las yemas de los dedos y terminando con un buen enjuague. El champú se erigirá en función del tipo de cabello.

En la cara encontramos partes físicas importantes en nuestra vida diaria y tenemos que cuidar su higiene con sumo cuidado:

  • Los ojos: Es suficiente el lavado normal de la cara. No se deben frotar con las manos sucias; cuidar la iluminación y la distancia a la que se realiza la lectura y la escritura, son cuestiones a tener en cuenta en su cuidado.

  • Las orejas: se limita al pabellón de la oreja (parte externa); no se deben introducir objetos para su limpieza.

Higiene de los genitales

Esta es una zona de especial cuidado, prestar especial atención por sus características estructurales y funcionales. Se recomienda siempre que se realice actividad física su limpieza y el cambio de la ropa interior.

En las niñas que tengan la menstruación deben ducharse diariamente. Los niños deben bajar la piel del prepucio y lavar el glande.

Higiene buco-dental

Comprende el aseo diario. El cepillado contribuye a la conservación de las encías, los dientes y la salud en general. Debe efectuarse después de consumir alimentos y antes de acostarse. La técnica del cepillado consiste en efectuar el movimiento del cepillo siempre de la encía hacia el diente, todas estas medidas evitan las caries dentales, afección altamente frecuente en nuestra población y producida por falta de higiene bucodental.

Adoptar una buena rutina de higiene ayuda a prevenir muchas enfermedades, infecciones y otros problemas de salud. Estos son simples consejos que todos debemos recordar:

La regla más importante para la higiene personal es evitar compartir elementos como cepillos de dientes, rastrillos, toallas para secarse y cosméticos.

Después del baño diario y el lavado de manos, secar su piel con una toalla limpia. Los hongos viven en la piel húmeda, sobre todo en los pliegues de la piel y los dedos de los pies.

Cepillar los dientes 3 veces al día, no olvidar hacerlo antes de dormir, es cuando más placa se forma por las bacterias.

Figura 3: higiene buco-dental

Consideraciones a tener en cuenta para una práctica deportiva saludable.

Heredia y Saiz de Loma (2010) establecen tres momentos que deberemos respetar para realizar una práctica deportiva realmente saludable:

Antes del ejercicio…

El correcto punto de partida para realizar cualquier ejercicio físico es una revisión médica. Sirve para detectar cualquier posible anomalía de nuestro organismo.

No debe coincidir la práctica de ejercicio físico con la digestión de una comida. Deben pasar dos horas como mínimo entre la comida y práctica deportiva.

Realizar un calentamiento previo, suave y progresivo, que acondicione el organismo.

Utilizar una equipación adecuada a la actividad que se vaya a realizar.

Durante el ejercicio...

Utilizar material apropiado a la actividad que se esté realizando. Debe combinar comodidad y eficacia, además de ser transpirable.

Evitar llevar anillos, pulseras, collares, relojes, adornos en el pelo o cualquier aditamento que pueda dañar al ejecutante o a sus compañeros de actividad.

Practicar ejercicio con la intensidad adecuada al nivel de condición física.

Beber líquido durante el esfuerzo, fundamentalmente, si se trata de un ejercicio de larga duración, cuanto más se suda más hidratación.

Después del ejercicio...

Unos minutos de actividad física muy suave (paseo, carrera muy tranquila, unos ligeros estiramientos) acelerarán la recuperación post-esfuerzo.

Tomar una ducha después de la actividad física. Ello mejora la recuperación, además de ser fundamental para una correcta higiene corporal.

No compartir toallas.

Usar siempre chanclas de baño.

Realizar un buen secado, para eliminar la humedad residual que favorece la proliferación de hongos u otras enfermedades dermatológicas.

Vestirnos con ropa limpia. De nada sirve todo lo anterior si volvemos a ponernos las prendas utilizadas durante la actividad deportiva.

Una vez acabado el ejercicio, llevar a cabo una correcta hidratación (bebiendo pequeñas, pero frecuentes cantidades de agua). Influirá decisivamente en la recuperación del organismo.

Figura 4: después del ejercicio

Referencias bibliográficas

Referencias de figuras

Francisco José Alcón Campos

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