El acoso escolar y sus víctimas. Estrategias desde la resiliencia

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¿Por qué nos cuesta tanto hablar del acoso escolar? ¿por qué lo vemos como “eso” que ocurre sobre todo en centros marginales pero que, en los nuestros, son solo casos aislados que se resuelven con relativa facilidad? Tal vez porque ya nos hemos olvidado de nuestra adolescencia y el paso por los institutos y colegios donde muchos en mayor o menor medida lo sufrimos.

Que antes lo llamáramos “hoy me han gastado una broma mis compañer@s”, “vaya cuantas collejas me han dado al pasar por el pasillo”, “esos insultos se los lanzan a tod@s”…. No deja de cumplir con la definición legal de acoso escolar; El acoso escolar (también conocido como hostigamiento escolar, matonaje escolar, maltrato escolar o en inglés bullying) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre estudiantes de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula, como a través de las redes sociales.

Bien es cierto que en los tiempos de la EGB no existían las redes sociales, en realidad no teníamos ni móviles, pero no quita para que sufrieramos o infringiéramos otras formas de acoso con nuestros iguales.

Dependiendo de la intensidad de las bromas, los insultos, los ataques físicos, etc y, sobre todo, de la personalidad de las víctimas o de la carga de odio que expresaran tales maltratos, las consecuencias podían ser ninguna o llegar a la obsesión y la ansiedad ante la perspectiva de pasar el día siguiente en el colegio.

Figura 1. Acoso Escolar

Ahora, muchos años más tarde, existen orientadores, programas especiales de prevención y atención a estos casos, gabinetes psicológicos especializados y un largo etcétera de personas e instituciones dispuestos a acudir en ayuda de las víctimas o a mediar y reconvertir a los instigadores.

Pero, ¿y mientras tanto?, ¿Qué hacer en el día a día?, las personas sometidas a tales tratos deben primero saber identificar en qué momento se hallan, cuando se pasa de una broma puntual a una conducta reiterada con los mismos protagonistas en el otro lado y tal vez incluso determinar las “razones” que han podido llevar a los acosadores a tal comportamiento hacia nosotros.

Existen, por supuesto, denominadores comunes entre esas razones como ser las personas que obtienen buenos resultados académicos vulgarmente conocidos como “empollones” o “freakies”, o aquell@s que no tienen demasiadas o ninguna habilidad social de forma que sus círculos de amistades son muy reducidos y tienden al aislamiento, también aquell@s otr@s que por su bajo rendimiento físico en el deporte escolar o su fisionomía empiezan a convertirse en blanco de burlas y chistes y, por supuesto, cualquier excusa de índole racista, machista, etc.

En todo caso, en una sociedad plural como la nuestra donde se atiende a todo tipo de diversidad y se etiqueta con siglas cualquier comportamiento anormal dentro de un entorno educativo, es raro contemplar como el acoso no está más controlado y que sólo suenen las alarmas cuando los padres acuden a inspección o los medios de comunicación o bien cuando existe un grupo de compañer@s solidarios que denuncian la situación.

Figura 2. Freaky

Desde el punto de vista de la resiliencia tal y como se comentó en un, artículo anterior, podemos establecer algunas directrices sobre todo para las personas que sufren el acoso. Como quiera que dichas personas no suelen leer este tipo de artículos pienso que puede ser interesante para docentes y tutores conocer al menos la existencia de otras posibilidades que no pasen por el plan Kiva o una comisión mediadora.

El objetivo de este artículo es, pues, dar guías de acción inmediata ante las situaciones que se producen y sobre todo para el después de las mismas cuando se están repitiendo diariamente.

Perdón

¿Queréis ser felices un instante? Vengaos. ¿queréis ser felices para siempre? Perdonar.

Es del todo lógico pensar que uno de los sentimientos de l@s acosad@s es vengarse de los hostigadores. Normalmente esto no se produce porque se hallan en situación de desventaja moral y física ante sus atacantes pero la condensación de actos de acoso en el tiempo puede conllevar explosiones momentáneas de las víctimas o bien de una alteración de los estados mentales que, con el tiempo, desemboque en algún suceso más trágico.

Por ejemplo, Patrick Wood Crusius, asesinó a 22 personas e hirió a otras 24 en un centro comercial de El Paso (Texas) este año. Jacob Wilson, antiguo compañero de clase, le ha definido como un joven “con determinación”, con el que sin embargo no querían trabajar otros chicos de la clase por su “carácter irritable y explosivo”. Wilson refiere episodios de acoso por parte de sus compañeros: “Cada vez que levantaba la vista en clase, alguien le hablaba en mal tono. Decían que Patrick era una nulidad, un tonto”.

Sin tener que llegar a casos límite como éste en un país en el que el acceso a las armas de fuego es comparable con el nuestro a las barras de pan, se pueden dar situaciones desagradables cuando el acoso se mantiene en el tiempo o las víctimas no tienen técnicas para manejarlos.

Figura 3. Agresividad

La tendencia a “intentar igualar el marcador” de las víctimas no les permite dejar de pensar en su situación y sus atacantes. Es importante mantener la distancia con los agresores, especialmente si son peligrosos, pero debemos dotar a l@s acosad@s con técnicas para superar su miedo a la re-victimización.En este sentido, compartir con alguien lo que nos ha ocurrido, lo que pensamos y sentimos será de vital importancia para darle perspectiva a nuestra situación, objetivarla y no sentirnos solos.

Otro error sería pensar que somos l@s únic@s que pasamos por este problema. La persona en quien confiemos puede ayudarnos a poner todos los hechos en su lugar y el miedo a revivir tales vivencias no debe ser un obstáculo a la hora de relatarlo.

También será crucial intentar entender a nuestros agresores e intentar perdonarlos cambiando las emociones de venganza por otras de perdón más positivas para nuestro futuro bienestar.

En definitiva la resiliencia en este campo nos invita a pensar en positivo y cambiar nuestros sentimientos hacia una construcción de un modelo mental que nos haga más fuertes de cara a eventos similares que puedan producirse. La experiencia puede venir acompañada de soluciones enriquecedoras para nosotros.

Descubrimiento

Se debe acompañar, una vez conocido el problema, a la persona en la investigación, introspección y descubrimiento de sus puntos fuertes que pueden ayudarle en el futuro para afrontar el acoso.

La mejora de sus habilidades sociales, la ampliación de su círculo de amistades, la corrección de algunas actitudes que puedan ser consideradas por los potenciales agresores como ataques a ellos mismos y que no sean elementales en nuestra personalidad ayudan de hecho a ir reconduciendo la situación y tal vez a evitar las miradas de los acosadores, ya sea por aburrimiento o por pérdida de interés en la víctima.

Se debe trabajar eso si con lo que l@s acosad@s traen en términos de capacidades, no con lo que creemos que deberían ser para atenuar su problema.

Se les debe animar a apoyarse en sus recursos personales y ambientales de forma que construyan nuevas fortalezas que les ayuden en el devenir de los acontecimientos.

Rehacerse

  • Se parte de los recursos e intereses de los afectados.
  • Se estimula su capacidad de elección. Deben recordar que tienen más opciones.
  • Los objetivos negociados se ordenan en pequeños pasos, de ese modo se podrán reconocer los avances hacia la recuperación.
  • Se intenta encontrar sentido a la situación, responder al ¿para qué me está pasando esto?.
  • Se anima a compartir con otras personas en situación parecida dentro o fuera del centro.
  • Se facilita la posibilidad de aprendizajes sociales que permitan cambiar la realidad por otra distinta.
  • Se les incita a recuperar experiencias positivas y soluciones exitosas. Se trata de recuperar el sentido de la vida.
  • Se les anima a elaborar proyectos para su futuro, alimentando la expectativa de mejora, dando animo y afecto…
  • Se permite pasar de víctima a superviviente proyectando su vida más allá de la situación actual.
Figura 4. Reconstrucción

Bibliografía y referencias

Figuras

Álvaro Cabrero Villajos

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