Didáctica de la lengua oral en el aula de Lengua Castellana y Literatura.

En este artículo nos vamos a ocupar de la importancia de la comunicación oral en las aulas de Secundaria, más concretamente, en las clases de Lengua castellana y Literatura.

Para ello, focalizaremos nuestra atención en el proceso de enseñanza- aprendizaje de la competencia comunicativa, la cual está, en cierto modo, desatendida en el sistema educativo español. Pues, como algunos autores se plantean, ¿por qué no se enseña a nuestros alumnos a afrontar situaciones de formalidad como entrevistas, discursos o exposiciones?

Según Ruiz Bikandi, la lengua se aprende desde su origen, vinculada al contexto sociocultural y a los usos sociales. Por tanto, aprender una lengua supone aprender los modos culturalmente establecidos para actuar lingüísticamente.

En este sentido, la competencia comunicativa o lingüístico-comunicativa se puede definir como la capacidad de una persona para comportarse de manera eficaz en una comunidad de habla, la cual aglutina las reglas gramaticales y de uso, la adecuación de lo que se dice, el manejo de estructuras lingüísticas y su comprensión.

No obstante, esta competencia, nuclear en el área de Lengua castellana y Literatura, así como en las Lenguas Extranjeras, ha de ser promovida y cuidada por igual por el resto de asignaturas curriculares, dado su carácter transversal e interdisciplinar.

De hecho, esta competencia aparece recogida en el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCERL); documento elaborado por iniciativa del Consejo Europeo  que contribuye a unificar criterios, a ayudar a tomar decisiones fundamentalmente curriculares, a detallar las competencias que deben ser dominadas para la consecución de los objetivos lingüísticos definidos, y a describir lo que se ha de aprender a hacer. Sin embargo, a partir de dicho documento, cada país adopta unas posiciones. Sus principales funciones, son, en resumen, el establecimiento de bases sobre el currículum de lenguas y la homologación de títulos.

METODOLOGÍA Y DIDÁCTICA DE LA LENGUA ORAL

Para empezar, debemos tener en cuenta que el sistema de comunicación es, al mismo tiempo, medio y objeto de aprendizaje. Esto da lugar a dos posibilidades: por un lado, plantear la lengua como un fin en sí mismo (el proceso de enseñanza- aprendizaje se hace explícito) y, por otro lado, combinar el uso de la lengua para el aprendizaje con el propio aprendizaje de la lengua (proceso de enseñanza- aprendizaje implícito). Lo ideal sería fusionar ambas posturas, de manera que se complementen, aprovechando cualquier práctica discursiva dentro del contexto escolar y promoviendo un aprendizaje significativo e integral de la oralidad.

Siguiendo a Halliday (1978), Ana Teberosky (2005) propone una clasificación de los cuatro tipos de aprendizaje que cabría distinguir en relación a la lengua oral:

  • El aprendizaje de la lengua (vinculado con el desarrollo de la capacidad comunicativa y la adquisición de géneros discursivos ligados a ella).
  • El aprendizaje a través de la lengua (relacionado con la adquisición de géneros discursivos que se correspondan con las disciplinas curriculares).
  • El aprendizaje sobre la lengua (entendido como el crecimiento de la capacidad de referencia al propio sistema de la lengua, o metalingüística, permitiendo mejorar aprendizaje).
  • El aprendizaje por medio de la lengua (implica el desarrollo de la capacidad de utilizar la lengua para ser capaz de resolver problemas).

Estrategias para el desarrollo de la competencia oral

Por tanto, a la hora de trabajar la lengua oral en clase se deberán tener en cuenta aspectos tan variados como:

  • La democratización de las aulas (todos tienen que hablar).
  • La disposición de tiempo.
  • El uso y análisis de grabaciones.
  • Cuestiones gramaticales para resolver problemas cooperativamente.
  • Componentes de la competencia comunicativa como la cortesía.

Asimismo, siguiendo la caracterización que establece Vilà i Santasusana (2005), podemos contar con seis criterios para enseñar lengua oral en la educación obligatoria:

  1. Centrarse en el aprendizaje de la oralidad formal: el aula es un espacio formal. Es necesario incidir en la enseñanza de situaciones orales formales, dado que los alumnos ya cuentan con un bagaje amplio de lo que es la lengua oral informal.
  2. Definir lo que los alumnos van a aprender a través de cada práctica oral: la competencia oral. Es fundamental definir y concretar los objetivos de aprendizaje para desarrollar esta compleja competencia. Hay que saber qué decir, cómo, a quién y en qué momento.
  3. Pensar antes de hablar: la planificación de las intervenciones orales. La planificación supone disponer de tiempo para pensar lo que se quiere decir; anticiparse a las palabras que se van a pronunciar; seleccionar, ampliar o modificar las ideas; saber cómo ordenarlas y decirlas conforme el estilo personal de cada uno. Hasta la mejor improvisación conlleva una profunda planificación.
  4. Organizar los contenidos de aprendizaje mediante secuencias didácticas. Son muy útiles las secuencias didácticas, porque delimitan los objetivos de aprendizaje y admiten flexibilidad. De hecho, el elemento clave es el ensayo del discurso. Esto permite intervenir y ayudar a resolver posibles desajustes antes de la producción oral pública.
  5. Diseñar las prácticas orales discursivas del alumnado: un espacio ritualizado y una escucha focalizada. En el aula son habituales las preguntas, los comentarios o la revisión de actividades; de modo que se crean situaciones de habla relajada. Sin embargo, hay que tratar de organizar otros espacios donde la actividad oral esté planificada (con objetivos y contenidos lingüísticos determinados). Otra posibilidad es grabar las intervenciones para favorecer la autoevaluación del alumnado.
  6. Conseguir un buen clima de aula: una relación social equilibrada entre la autoridad y la complicidad con el alumnado. Captar y mantener la atención de la clase durante las intervenciones orales; proponer prácticas interesantes; organizar los contenidos de aprendizaje son los retos a los que se enfrenta el profesorado. En este sentido, conviene compaginar el suficiente clima de complicidad y confianza con la autoridad.

 

(Fuente: https://pixabay.com)

Contenidos específicos de la enseñanza de la lengua oral

El discurso oral es una compleja actividad que se construye a partir de elementos lingüísticos y no lingüísticos. Por ello, para su enseñanza deben tenerse en consideración una serie de aspectos.

Por un lado, enseñar el control del discurso oral. Esto supone que el alumnado sea consciente de la necesidad de cuidar su producción oral y de que se habitúe a hacerlo en nuevos ámbitos de comunicación (partiendo del centro educativo). Asimismo, la adecuación debe presidir todo discurso oral. También resultan fundamentales la interacción; la cortesía verbal, y las reglas que facilitan la alternancia de turnos de habla.

Otro aspecto esencial es la necesidad de conocer la lengua oral de los discursos formales. En este sentido, debemos remarcar que la enseñanza de la oralidad no debe pretender enseñar un único modelo de lengua oral, sino que los modelos deben ser los propios discursos orales formales y no los discursos escritos; de ahí que se deban enseñar los requerimientos lingüísticos (adecuación; claridad; corrección léxica, gramatical y fónica) y, por último, los códigos no lingüísticos (el paralenguaje y la gestualidad).

1.Técnicas:

Son múltiples y variadas, aunque no deja de ser paradójico, puesto que a pesar de ser técnicas muy conocidas, posteriormente no se llevan al aula con normalidad, son poco utilizadas y, cuando se hace, no se usan con asiduidad.

  • Técnicas de diálogo: se puede recurrir a la conversación, dramatización, preguntas- respuestas y al debate.
  • Técnicas de monólogo: solo hay un sujeto que habla a lo largo del desarrollo de la actividad

2. Materiales:

  • Representaciones o textos icónicos: fotografías, diapositivas, carteles, pósters…
  • Textos orales: vídeos, grabaciones, entrevistas de radio y televisión…

3. ¿Cómo evaluarla?

Evaluar la competencia lingüístico-comunicativa, como venimos comprobando a lo largo de este artículo, no es tarea fácil, aunque resulta ineludible para construir una enseñanza efectiva de la oralidad. Debe tratarse de una evaluación formativa en el que el proceso formativo sea más relevante que el producto, ya que las correcciones durante las prácticas pueden favorecer el resultado final.

Algunos de los inconvenientes que dificultan este proceso de evaluación son los siguientes: su continuada presencia en el contexto académico y extraacadémico hace que no se valore como objeto de aprendizaje; la complejidad de determinar unos indicadores; y su carácter efímero.

Ante estos obstáculos, se ha recurrido, por un lado, a las grabaciones o transcripciones. De este modo, se consiguen productos más estables y duraderos, que permiten su revisión y la justificación de una determinada calificación. No obstante, como contrapartida, estas prácticas suponen cierta complejidad añadida, al mismo tiempo que amplían la dedicación del profesor. Por otro lado, el cambio de concepción de la evaluación como actividad de reflexión habitual en la clase puede solucionar, en gran medida, parte de estos inconvenientes. Así, las autoevaluaciones de sus propios discursos y las evaluaciones de los compañeros generan un conocimiento compartido; fomentan su capacidad crítica y de análisis y crean seguridad, a la vez que restan subjetividad a la evaluación.

A pesar de esta problemática, la evaluación de los alumnos debe regirse en torno a cuatro criterios (los cuales conviene concretarlos en las programaciones, además de añadir otros):

  1. Comprensión e interpretación de los discursos.
  2. Observación y análisis (mediante preguntas breves).
  3. Producción de textos orales preparados (a través de fichas o listas de control).
  4. La interacción en el aula.

En definitiva, dotar a la enseñanza de la lengua oral de un carácter eventual es un error. Es por ello que se debe hacer hincapié en el estudio de la lengua desde un contexto reglado, que dé prioridad a los discursos organizados en contextos que resulten verosímiles para los alumnos. Por ello, el papel del profesorado y de la escuela ha de ser atender a los usos lingüísticos menos presentes en la cotidianeidad del habla. Fomentando estos usos, el alumno tendrá una visión tanto del ámbito formal como del informal, de manera que estará preparado para todo tipo de comunicaciones que la vida pueda plantearle en su futuro académico, profesional o social.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

  • BRIZ GÓMEZ, A. (coord.) Saber hablar. Madrid: Aguilar, 2008.
  • RUIZ BIKANDI, U. (coord.). “Enseñar el discurso oral”. Didáctica de la lengua castellana y la literatura. Barcelona: Graó, 2011. 81-100.
  • RUIZ BIKANDI, U. “¿Cómo se aprenden las lenguas?”, Cuadernos de Pedagogía 330 (2003): 38-41.
  • VILÀ I SANTASUSANA, M. (coord.). “Las creencias del profesorado y la enseñanza de la lengua oral”, El discurso oral formal. Contenidos de aprendizaje y secuencias didácticas. Barcelona: Graó, 2005. 104-114.

 

Paula Gómez Tarancón

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*