¿Algunos de nuestros alumnos podrían ser analfabetos funcionales?

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¿Qué significa ser analfabeto funcional?

El término de la alfabetización funcional ha sido promovido por la UNESCO para imprimir a la alfabetización una significación y alcance más allá de la mera capacitación técnica para la lectura, escritura y cálculo.

Un analfabeto funcional, al contrario que un analfabeto absoluto, puede leer y escribir textos en su lenguaje nativo, con un grado variable de corrección y estilo. El analfabetismo funcional a la incapacidad de un individuo para utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida.

Una persona que sea analfabeta funcional no sabrá resolver de una manera adecuada tareas necesarias en la vida cotidiana como por ejemplo rellenar una solicitud para un puesto de trabajo, entender un contrato, seguir unas instrucciones escritas, leer un artículo en un diario, interpretar las señales de tráfico, consultar un diccionario o entender un folleto con los horarios del autobús. El analfabetismo funcional también limita seriamente la interacción de la persona con las tecnologías de la información y la comunicación, puesto que tiene dificultades para usar un ordenador personal, trabajar con un procesador de texto o con una hoja de cálculo, utilizar un navegador web o un teléfono móvil de manera eficiente.

Por otra parte, mientras el analfabetismo absoluto ha estado siempre asociado a la pobreza y a bajos índices de escolarización, el analfabetismo funcional afecta a países desarrollados en los que la escolarización es total y los sistemas educativos están consolidados.

El analfabetismo funcional en españa

Los datos obtenidos en nuestro país en los últimos años son signos de alarma. En concreto, en un informe de 2013 la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) alertaba del analfabetismo funcional que adolecen países como España o Italia, en los que los niveles de comprensión lectora o capacidad matemática se sitúan en los últimos puestos entre los países desarrollados. Es más, en 2015 se calculó que la Unión Europea contaba con hasta 73 millones de analfabetos funcionales adultos y que hasta un 20% de los menores de 15 años no contaban con las capacidades de lectura y escritura básicas.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) cuando se conmemoró el Día Internacional de la Alfabetización (8 de septiembre de 2017), en España hay 669.400 personas analfabetas funcionales de más de 16 años, es decir, el 1,7%o de la población, y de ellos, solo 12.800 están cursando algún tipo de estudio que les permitirá dejar de serlo.

Por lo tanto, en España casi 700.000 personas no tiene capacidad de resolver de una manera adecuada situaciones de su vida cotidiana como rellenar una solicitud para un puesto de trabajo, entender un contrato o leer el periódico.

Algunos expertos afirman que estas preocupantes cifras se deben, en parte, a los inmigrantes que llegan a España sin saber hablar, leer y escribir el idioma, pero sobre todo al fracaso escolar que nuestro país acarrea desde hace años.

¿Cómo se puede reducir este analfabetismo funcional?

Como afirman los expertos, la única vía de extinción de esta dificultad cognitiva es fomentar la lectura para que, de un modo u otro, estas personas puedan adquirir las habilidades pertinentes que mejoren sus capacidades lectoras y así crear una sociedad independiente y autosuficiente.

No basta con enseñar a leer, escribir o calcular, sino que hay que educar en la dimensión funcional de estas habilidades como herramientas críticas de sociabilización. No es cuestión de fabricar seres que sepan leer libros, impresos, formatos digitales…., sino humanos que puedan comprenderlos y compartir el conocimiento aprehendido.

Aunque existen algunas diferencias entre definiciones respecto al analfabetismo funcional, se coincide en señalar que un ciudadano no será analfabeto funcional si dispone de aquellas competencias que le permiten actuar con autonomía en la vida cotidiana. Lo que en la práctica supondrá:

  • Responder a las exigencias de la vida.
  • Comprender y resolver los problemas reales de la existencia.
  • Estar preparado para ejercer una función social, cívica y económica.
  • Actuar con desenvoltura en la sociedad actual.
  • Propiciar, con la actividad crítica, cambios en el desarrollo de los individuos, grupos y países.

En el actual sistema educativo, se hace especial hincapié en adquirir competencias clave para lograr que los individuos alcancen un pleno desarrollo personal, social y profesional, acorde a las demandas de la sociedad, y así se plasma en la actual Ley 8/2013, de 9 de diciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE) y en la Orden ECD/65/2015, de 21 de enero, por la que se describen las relaciones entre las competencias, los contenidos y los criterios de la educación primaria, la educación secundaria obligatoria y el bachillerato.

Por lo tanto, conviene fomentar el uso de competencias contempladas como un tipo de aprendizaje caracterizado por la forma en que cualquier persona logra hacer uso de sus múltiples recursos personales, parta lograr una respuesta adecuada a una tarea planteada en un contexto determinado; lo que nos indica que entran en juego las acciones docentes y formativas que se pongan en marcha para hacer efectivos y prácticos los planteamientos teóricos, es decir, poder pasar de una educación pasiva a una educación proactiva y coger las riendas del aprendizaje. Saber cosas es tener información, practicarlas es tener formación y esta es la clave para salir del analfabetismo funcional, es decir, saltar del conocimiento acumulado al conocimiento aplicado.

Reflexión final

Un analfabeto en el siglo XXI no es el que no sabe leer ni escribir, sino el que no tiene espíritu crítico y lo suficientemente abierto como para cuestionarse los dogmas o preceptos aprendidos. La educación debe enseñarnos a pensar, no a obedecer, como afirma claramente el psicólogo y profesor Herbert Gerjuoy:

“Los analfabetos del siglo XXI no son los que no saben leer ni escribir, sino aquellos que no saben aprender, desaprender y reaprender la realidad. Y hay mucho que desaprender y que reaprender en la realidad que nos rodea.”

Referencias bibliográficas

Referencia de imágenes

Lorena Ramos Martín

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