La danza tradicional en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES): El patrimonio cultural inmaterial en en el marco de las enseñanzas artísticas.

por | 7 noviembre, 2018

Abstract

El enfoque de este artículo se centra en el valor de la enseñanza de la danza tradicional estilizada aplicándola como elemento transmisor del patrimonio cultural andaluz, dentro del marco de los estudios de danza profesional pertenecientes al Espacio Europeo de Educación Superior(EEES). Se introducirá brevemente en el ámbito de dichas enseñanzas así como en diversas concepciones de la danza tradicional estilizada, para finalizar con ejemplos de la aplicación práctica de esta repertorio dentro de las enseñanzas.


La danza en el EEES

Las enseñanzas superiores de danza tiene dos especialidades; Pedagogía, orientada tanto a la enseñanza de bailarines profesionales como a usuarios de danza no profesional. Y Coreografía e Interpretación, orientado a los profesionales que entran en el sector escénico como intérpretes, como creadores de obras que se producen y distribuyen mediante compañías profesionales.

La definición de este artículo viene irremediablemente influenciado por el perfil particular de ambas autoras, una siendo profesora y la otra estudiante de titulación Superior, que resumen en gran medida la evolución de la enseñanza del folclore desde la década de 1970 hasta la actualidad. Suponen dos antecedentes contrapuestos del acceso al patrimonio cultural inmaterial relativo a la danza: por una parte está la visión de seguir contanto lo que te contaron, es decir, conocer el folclore de primera mano a través de las raíces sociales. Mientras que por otra parte está la visión del folclore como algo accesible a través de instituciones o grupos aislados y sacados de su contexto original.

Antes y después en la enseñanza de danza tradicional

Los bailarines de danza española conocen el folclore/danza tradicional [1] desde los comienzos de su formación pero desde una perspectiva parcial y con desigual interés por  parte de la comunidad educativa. En un primer nivel de aprendizaje (Decreto 16/2009,  de  20  de  enero)  trabajan  aquel  repertorio  de  folclore  que  tiene  menos exigencias técnicas que otras especialidades como pueden ser la danza clásica o el flamenco. Se utiliza como un recurso didáctico en el desarrollo psicológico del niño más que como un conocimiento de identidad cultural.

Se valora pues su capacidad para dinamizar grupos, el desarrollo de la memoria, la coordinación, el ritmo, el sentido musical, etc. Pero no se valora en la misma proporción que la danza tradicional está inmersa en un patrimonio digno de conocer, conservar y difundir.

En un segundo momento, conforme los estudiantes van alcanzando logros técnicos, se estudia el repertorio de folclore proveniente en su mayor medida de Aragón, País Vasco, Comunidad Valenciana y Galicia; que supone un reto físico en el camino del virtuosismo que todo bailarín debe alcanzar. Tampoco se obvia que es un acervo cultural que tiene una contextualización histórica y geográfica propia, pero por las circunstancias del trabajo de clase no se profundiza en ello.

En los conservatorios andaluces los estudiantes no trabajan folclore con música en vivo, ni cante en vivo, cosa que sí ocurre con el flamenco, la danza clásica, la escuela bolera y la danza estilizada. Además, el vestuario que se suele utilizar para su ejecución en escena es estereotipado.

El panorama del folclore en la sociedad andaluza en los últimos 30 años se ha visto enfrentado con el flamenco, sin tener por qué ya que son dos bienes culturales muy diferenciados tanto desde una perspectiva histórica como estilística. El flamenco es más reciente en el tiempo. Además las instituciones políticas de forma excesivamente radical han contribuido a ello pues han asociado los términos folclore a Sección Femenina- Régimen de Franco y lo han opuesto al flamenco como si fueran una dicotomía excluyente. Pongamos un ejemplo: la Junta de Andalucía al publicitar en un anuncio de televisión desde la Consejería de Turismo a nuestra Comunidad muestra a una bailaora con un lenguaje corporal de danza flamenca interpretando a Manuel de Falla y con un traje de volantes, antes llamado traje de gitana, luego de andaluza y ahora directamente ya traje de flamenca.

A esta situación se le añade que las propias asociaciones y grupos folclóricos han ido añadiendo repertorio aflamencado a sus actuaciones, vestidos con trajes de volantes, que como todos sabemos, están sujetos en su diseño a cambios anuales debido a las modas.

Eso  ha  contribuido  a  crear  un  estado  de  confusión  en  la  propia sociedad andaluza que ya no distingue en términos generales lo que son música y bailes tradicionales de lo que no lo son.

Paralelamente en este periodo de tiempo han habido agrupaciones que sí han intentado difundir el folclore tradicional; y de entre ellas ha surgido el trabajo constante del folclorista Juan Navarro[2], que ha orientado su vida a recopilar bailes, cantes, música y sobre todo, casi 400 trajes provenientes de pedanías, aldeas, villas, pueblos y ciudades de las ocho provincias andaluzas, evidenciando así la tremenda riqueza cultural tradicional del pueblo andaluz.

El  estado de la cuestión actual es que la situación de la danza tradicional como patrimonio del pueblo andaluz está siendo tratada con gran injusticia. Porque las instituciones gubernamentales dan prioridad al hecho flamenco como identidad andaluza. Mientras que el folclore andaluz, obviamente manifestación cultural anterior en el tiempo, siendo un inmenso acervo a nivel no sólo como danza, sino como música e instrumentos también, ha sido sumergido.

La Junta de Andalucía, desde su propia constitución ha creado instituciones para promover el flamenco: Centro de documentación, Cátedra de flamencología, y la promoción para que el flamenco fuese reconocido en 2010 Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, ha sepultado otro patrimonio muchísimo más ingente e igual de importante que es la cultura tradicional, que no ha sido revalorizada parcialmente hasta precisamente la puesta en marcha la ley de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial aprobada por la Conferencia General de la UNESCO en 2003. No se promueven becas de investigación ni difusión para otros estilos andaluces, llegando incluso a desconocerse que desde 2011 otro legado andaluz como es la Escuela Bolera ha sido reconocida actividad de Interés Etnológico y Bien de Interés Cultural del Patrimonio Histórico Andaluz.

Sería deseable que nuestra Comunidad Autónoma siguiera los pasos de otras como la Castellano Manchega, que en 2014 declaró a las Seguidillas Bien de Interés Cultural, e hiciera BIC (Bien de Interés Cultural) las jotas, seguidillas, fandangos y boleros populares que jalonan el horizonte andaluz.

Danza tradicional en la formación los profesionales de danza

En el ámbito del Patrimonio Cultural Inmaterial Andaluz, el trabajo más directo de la danza tradicional como tal se ha venido denominando en el contexto de los conservatorios de  danza  como  ‘folclore’.  Este  ambiguo  término,  que  se  usa para designar tanto la tradición como el estudio de la misma, ha significado o significa ambos conceptos de manera sucesiva y simultánea en los estudios superiores de danza.

Expliquemos esta extraña frase.

Desde la voz de la experiencia, ha habido una evolución en el concepto y características de la danza tradicional para las enseñanzas profesionales de danza, al menos en Andalucía. Así, según la visión de los profesionales en ciernes en los años 70,el folclore era concebido como un repertorio de raíz popular,pero dirigido al escenario.Es decir, que se entendíaque lo que se estudiaba era folclore transfigurado, con lenguaje de la escuela bolera, visto como trabajo estético individual. No estaba excluido del folclore, sino que era considerado parte de él. Este trabajo consistía en el aprendizaje de coreografías que admitían la creatividad posterior, pudiendo combinar diferentes pasos siempre que se respetase la música. Ya que es la música de un baile la que define la identidad, como danza tradicional, de la coreografía.

en este caso andaluz? Atendiendo al siguiente enunciado, sí. Definimos la danza popular aprendida como un legado que pasa de generación en generación, en este caso de maestros a discípulos, aunque su origen rastreable no sea desde la necesaria función social que define al folclore. En este caso es repertorio tradicional que fluye por vía académica.

Las danzas tradicionales tienen su razón de ser en la necesidad: como entretenimiento y alivio en momentos de precariedad, de soledad; o como motivo de celebración en las plazas de los pueblos, las reuniones y romerías, pero siempre con un trasfondo  de  necesidad  espiritual.  La función social para el grupo que la practica consiste  en  reconocerse  como  tal  grupo,  que  a  partir  de  un  momento  lúdico  se comparten momentos de emoción en una fecha determinada en el calendario como la cosecha, la festividad de un patrón o la Navidad.

Sin embargo, lo que empezó como unas enseñanzas de danzas tradicionales con un posible origen no purista, adaptado a las necesidades del aula, del escenario o a los conocimientos del docente, ha evolucionado en muchos casos a un elemento vivo que se transmite en generaciones de bailarines.

Así, ponemos como ejemplo el aprendizaje realizado durante la década de los setenta del pasado siglo, cuando una de las autoras de este artículo fue estudiante de conservatorio, de una versión de malagueñas y verdiales con pasos boleros.

A continuación podemos escuchar un fragmento de audio que hace referencia a este baile.

Audio de malagueñas y verdiales.

Como se puede apreciar, esta muestra de copla de malagueña y verdiales respectivamente es una creación única. En ese momento, este baile formaba parte del concepto de folclore. Una visión si se quiere sesgada, pero que se acerca a la realidad cultural actual de muchos estudiantes de conservatorio, que tienen su primer y a veces único contacto con este tipo de folclore o danza tradicional, a raíz de sus estudios profesionales. En este caso, aunque el montaje que nos ocupa se pueda englobar en el tipo de danza que sea pertinente, lo más interesante es que este aprendizaje sigue vivo a través de diferentes generaciones de bailarinas. Así, desde la transmisión de las maestras Tona Radely y Maica Moyano, pasando por Juana Garrido, hasta sus estudiantes actuales en el Conservatorio Superior de Danza Ángel Pericet, que a su vez lo transmitirán posteriomente.

¿Qué razón hay para que este peculiar repertorio tradicional siga vivo? Esta coreografía tiene unas cualidades intrínsecas que permiten su inclusión dentro de los estudios superiores, concretamente en la asignatura de danza española. Supone un tratamiento del folclore desde una perspectiva muy fina, que nos sirve para trabajar la resistencia física general, la resistencia de segmentos corporales como la de brazos y antebrazos con el trabajo de palillos, el trabajo de la técnica bolera en cuanto al quiebro y juego de pies. Y por último pero no menos significativo, conocer, comprender y valorar  mediante  la  vivencia  la  importancia  del  repertorio  musical  tradicional 
perteneciente al patrimonio cultural andaluz como elemento fundamental en la cultura y danza españolas.

Es por ello defendible que se reconozca esta visión del folclore desde los estudios profesionales de danza, puesto que le da un valor y posición a la danza tradicional que a la luz de la normativa sobre la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial es un valor en sí mismo.

Defensa de la visión del folkore de los conservatorios

Para comenzar, en los siglos XIX y XX, el folclore era definido por los investigadores de la época como rural, pero hoy en día esta orientación ha cambiado puesto que ‘no es patrimonio exclusivo de “campesinos” (Prat, 2006); además de que la idea de comunidad entendida como pueblo o sociedad desaparece con la fragmentación social. e Así pues, la comunidad de esta ‘parte’ del folclore, formada por los miembros de las enseñanzas de la profesión de la Danza, utilizan también el folclore con la funcionalidad que lo caracteriza.

Seguidamente, este mismo autor enfoca al folclore desde la percepción de una tensión  en  la  realidad  respecto  a  la  conservación  estática  del  material  contra  la variación, renovación o actualización del mismo. Es otro argumento más para incluir esta visión que se trabaja en los conservatorios como parte del folclore.

Finalmente, desde que nace el concepto todo el mundo lo denuesta, aun siendo una palabra que básicamente dice que es la cultura de la gente de a pie. Acudiremos a esta concepción más difundida ya que su espíritu sigue siendo verdad, y es que define la cultura cotidiana de todos nosotros.

Lo que ha quedado es una faceta del lenguaje corporal que debemos aprender como profesionales, aunque entendido como valor cultural per se. Insistimos, lo aprendemos por ser un reto a nivel corporal, musical, espacial (es útil como herramienta coreográfica), por la velocidad, la coordinación en general y de castañuelas, la dificultad de  pasos,  la  interpretación, o como referente estético. Y porque la danza tiene la cualidad de lo que coloquialmente se entiende como ‘venirte’ arriba, es decir crecerse o rehacerse; tanto cuando se hace como cuando es contemplado.

Razones por las cuales es útil en el programa de estudios superiores de danza española, además de porque forme los pilares de dicha especialidad: es necesario para trabajar la danza estilizada, para trabajar este repertorio patrimonial como fuente de creación coreográfica necesaria para los bailables de zarzuela, al margen de todo lo aquello que se le pueda sumar a la libertad de cada forma individual de bailar y crear montajes.

Usamos la danza tradicional en el marco de nuestras enseñanzas como un reto artístico y técnico: el folclore no está lejos de nosotras, sino que es otro tipo más. Aunque no sean unas malagueñas ni unos verdiales en sentido estricto, reconocibles por los depositarios originales de este patrimonio, es decir, tradicionalmente por malagueños, este tipo de recreaciones forman parte de un bagaje cultural que el mundo escénico ha utilizado con frecuencia para analizar, mezclar y reinterpretar. A diferencia

de aprenderlo dentro de un contexto exclusivamente social con un carácter únicamente lúdico, los maestros de danza lo han enseñado de una manera consciente como elemento cultural a difundir para posteriores reproducciones o creaciones. Es patrimonio interesante de transmitir, aunque no sean, por ejemplo, los verdiales que conozcan los malagueños.

Asímismo, no se excluye el aprendizaje, en la misma asignatura, de repertorio de danza tradicional autóctono como el caso las parrandas de Vélez Rubio (Almería), el fandango de cuevas de Almanzora (Almería), o la jota de Albanchez (Almería). Estas piezas facilitan tanto el trabajo técnico necesario para un/a profesional de danza, como la adquisición de conocimiento de danzas autóctonas.

En efecto, la autora profesora enseña repertorio de danza tradicional en el marco de la guía docente de la asignatura de Danza Española, porque entiende el tremendo valor que aporta a la formación de los pedagogo/as y coreógrafos/as de danza.

En las clases de danza tenemos la voluntad de que los participantes más allá del entrenamiento, del ensayo y el trabajo de danza, y que vivan y experimenten como un grupo social, entrando ahí el ámbito del folclore. En consecuencia, somos un grupo de folclore que también lo vive y se emociona.

Conclusiones

Las tres causas por las cuales un repertorio se convierte en patrimonio es: que esté vivo, reconocido por la comunidad y que se transmite de generación en generación. Esas tres reglas no se cumplen en el caso del folclore que Doña Juana aprendió y que desea transmitir a sus alumnos (como el caso de las malagueñas y verdiales).

Pero si precisamente quienes estamos en el mundo de la profesión damos la importancia a  ese repertorio entonces adquiere un valor sublime, valga la redundancia: primero por ser cultura emanada de una sociedad y que debe de ser conservada, estudiada y difundida; y segundo, para contrarrestar el efecto globalizador del mundo que nos rodea y que viene a través de los medios de comunicación.   En todo caso buscamos un equilibrio entre nuestra cultura local y lo bueno de la cultura global.

Así, en estas circunstancias seguimos valorando en el Conservatorio que se estudie el folclore lo más fidedignamente posible a quienes lo ostentan como legado propio.  Pero también valoramos el   otro repertorio de   los 70, el transmitido por maestros que se erigen en sí mismos como portadores de un legado que hoy día por mor de cómo se ha evolucionado la enseñanza, la sociedad y el valor que la gente le da el folclore. Consideramos que la transmisión de repertorios como las malagueñas y verdiales con el lenguaje de escuela bolera implica ciertos retos de trabajo físico, de trabajo rítmico, de trabajo cinético de pies; unido a una velocidad bastante significativa en el toque de castañuelas, digna de ser aprendida en la asignatura de danza española.

Este  repertorio  es  patrimonio  de  nuestra  profesión  y  es  digno  de  que  se mantenga vivo debido a su dificultad y a su belleza, y también a que la música en la que está basada la coreografía la sigue de manera fiel y razonablemente relacionada con el aspecto  visual  que  tiene  al  folclore  al  que tiene alusión. Lamentablemente, dicho

repertorio está muy en peligro pues no se usa en los conservatorios precisamente por su carácter de creación, estando a punto de perderse su belleza intrínseca.


Notas

[1] En el contexto de este artículo, Folclore y Danza tradicional son dos términos que aluden a lo mismo: danzas antiguas asociadas a lugares y reconocidas como señas de identidad por los lugareños. En los tiempos actuales los oriundos de un lugar han dejado de conocerlas y, sin embargo, existen grupos y asociaciones de personas foráneas que sí las han conservado. Ahí surge la figura del portador de patrimonio inmaterial.

[2Navarro Suárez, J. (2010). Canal de youtube. Obtenido de: https://www.youtube.com/user/juannavarrobaile/about

Bibliografía

Cano, M. (1986). La guitarra, historia, estudios y aportaciones al arte flamenco.

Durand-Viel, A. M. (1983) La Sevillana. Servicio de Publicaciones del Ayuntamiento de Sevilla.

Prat Ferrer, J. J. (2006). Sobre el concepto de folklore. Oppidum, nº 2. Universidad

SEK, Segovia, 229-248.

Marco legislativo

España. Decreto 16/2009, de 20 de enero, por el que se establece la Ordenación y el Currículo de las Enseñanzas Elementales de Danza en Andalucía. [Internet] Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, 4 de  febrero 2009, núm. 23, pp. 10-14.

España. Decreto 521/2012, de 13 de noviembre, por el que se inscribe en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como Bien de Interés Cultural, la Actividad de Interés Etnológico denominada Escuela Bolera de Baile, en Sevilla. [Internet] Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, 27 de noviembre de 2012, núm. 232, pp. 66-69.

España. Acuerdo De 10/11/2015, del Consejo de Gobierno, por el que se declara Bien de Interés Culturalla Seguidilla Manchega, con la categoría de Bien Inmaterial. [Internet] Diario Oficial de Castilla-La Mancha, 18 de noviembre de 2015, núm. 226, pp. 31936- 31940.      

UNESCO (2003).Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, París, UNESCO. [Internet]. 

UNESCO. (2010). Declaración del flamenco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. [Internet].

Videografía

Navarro Suárez, J. (2010) Canal de youtube.

Olalla Domingo Martínez  y Juana Garrido Aranda

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