Diferentes tipos de evaluación y su integración en el proceso de enseñanza-aprendizaje

por | 6 noviembre, 2018


Abstract

La evaluación es una herramienta muy importante en el proceso de enseñanza-aprendizaje y, como tal, debe estar integrada en él. Existen diferentes tipos de evaluación y todos ellos deben considerarse y ponerse en práctica a lo largo del curso académico, no solamente para analizar lo que los alumnos ya saben o han adquirido, sino también para que aprendan a ser críticos con ellos mismos y con sus compañeros. Este artículo pretende ser una reflexión y una fuente de información sobre el proceso evaluador para los docentes.


Como docentes no podemos considerar la evaluación como una mera herramienta para analizar lo que los alumnos han aprendido y lo que no, si no que debe ser una herramienta de enseñanza que esté integrada completamente en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Tal y como indican Fernández Tilve y Malvar Méndez, de la Universidad de Santiago de Compostela y de Vigo respectivamente, “la evaluación debe considerarse como un componente más del proceso de enseñanza-aprendizaje, pues orienta dicho proceso en su conjunto” (2007). La debemos aplicar como una estrategia de enseñanza y de aprendizaje mediante la cual nuestros estudiantes aprendan de sus errores y que nos facilite la acción educativa. Esto implica que el profesor ha de proporcionar a los alumnos información detallada sobre lo que han hecho bien y mal, y no solamente una nota o calificación. Asimismo, se les ha de proporcionar tiempo en algunas sesiones para que se evalúen a sí mismos y los unos a los otros, es decir, que no sea siempre el profesor el que revise y examine. Pero, ¿cómo tenemos que integrar esta herramienta de enseñanza-aprendizaje? Es nuestro deber evaluar las competencias y destrezas del alumnado durante todo el año académico a través de evaluación inicial y diagnóstica, evaluación sumativa y continua, autoevaluación, evaluación entre iguales y evaluación final.

Es relevante explicar cada uno de los tipos de evaluación arriba indicados, pues son los que establece la LOMCE y, por lo tanto, los que tenemos que llevar a cabo en la práctica docente. En primer lugar, la evaluación inicial y diagnóstica nos sirve para analizar los puntos fuertes y débiles de los alumnos, su conocimiento previo, sus gustos y sus habilidades. De esta manera, el docente puede ajustar el currículo y la programación para atender las necesidades del grupo de alumnos en general y de cada alumno en particular. Es por ello que las programaciones que creamos deben ser propuestas abiertas que pueden ser modificadas siempre que sea necesario y que probablemente cambien ligeramente año tras año. Sin embargo, no nos podemos limitar a una evaluación inicial al comienzo de curso: es necesario comenzar cada unidad didáctica y cada sesión con actividades que sirvan para ver qué saben nuestros alumnos sobre ese nuevo aspecto que vamos a tratar y que les ayuden a ellos a recordar lo que ya saben. Por lo tanto, en la práctica didáctica debemos comenzar introduciendo y haciendo recordar a nuestros alumnos qué saben ya sobre el nuevo tema, aspecto gramatical o concepto matemático. Además, las unidades didácticas deben incluir evaluaciones sumativas y continuas mediante prácticas como la observación diaria de la clase, del progreso y de la actitud del alumnado. De acuerdo con Castillo Colomer, la evaluación continua es “una forma de evaluar mediante los datos recopilados a lo largo de un proceso de seguimiento continuado sobre unos objetivos marcados” (2016). En consecuencia, una parte de la nota final que ponemos a nuestros alumnos debe esta basada en la actitud y el trabajo diarios en clase, tanto individual como en grupo.

Por lo que respecta a la autoevaluación y a la evaluación entre iguales, existen diferentes métodos para que los alumnos se evalúen a sí mismos y a sus compañeros de clase. Por ejemplo, los alumnos pueden rellenar una rúbrica que les proporcionemos después de cada proyecto o tarea. De esta manera, tras llevar a cabo una actividad, pueden evaluarse a sí mismos y a los miembros que han compuesto su grupo. De hecho, la evaluación entre iguales ha  adquirido una gran importancia pedagógica en las últimas décadas. Este tipo de evaluación implica que los estudiantes estén pendientes del trabajo de sus compañeros y sean críticos con la colaboración en un grupo. Otra buena herramienta de autoevaluación y de evaluación entre iguales es la creación y actualización de un blog de clase. Los alumnos pueden ir subiendo algunas tareas o proyectos a este blog durante todo el curso académico. De este modo, en diferentes momentos del curso, los alumnos pueden echar un vistazo a sus actividades o a las de sus compañeros. Estas actividades pueden haberse subido al blog al comienzo de curso o unos meses atrás y, así los estudiantes pueden analizar cómo han mejorado o progresado. Este análisis ayuda a que los alumnos desarrollen capacidad de crítica y, lo que es más importante, autocrítica. No obstante, este es un método, sobre todo, para aumentar su autoestima y motivación por aprender, ya que ven los progresos que hacen en breves períodos de tiempo.

En relación directa con la autoevaluación y la evaluación entre iguales, importante resaltar que los alumnos deben trabajar individualmente y en grupo, para así desarrollar en igual medida la autonomía y la capacidad de trabajar en equipo. Ambas destrezas deben adquirirse por igual, pues en el día a día y en el mundo laboral hay cosas para las que debemos ser autónomos y autosuficientes, pero también hay tareas que solamente pueden llevarse a cabo en sociedad. Cabe destacar que el trabajo por proyectos es un método de gran importancia y actualidad que nos permite proporcionar a los estudiantes tareas que deben llevar a cabo en grupo e individualmente. Después de cada proyecto o tarea es importante, tal y como se ha indicado previamente, que proporcionemos feedback a nuestros alumnos. Es necesario que les expliquemos lo que hacen bien y lo que deben mejorar. Sin embargo, en ocasiones es posible que los docentes no tengamos tiempo en clase para decirle uno a uno a cada alumno lo que hace bien o mal. Además, hay estudiantes que se pueden sentir intimidados si les damos esta información delante de sus compañeros. Con la finalidad de facilitar la actividad docente han surgido herramientas tales como Edmodo y otras plataformas que nos permiten comunicarnos con cada alumno de manera individual. A través de ellas cada estudiante puede leer lo que hemos escrito para él y no se sentirá cohibido. 

Por último, es de especial relevancia la evaluación final. Cuando el curso termina tenemos que ver qué conocimientos ha adquirido nuestro alumnado de cara a un curso nuevo o a una nueva etapa. Existen algunas fuentes publicadas por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte que explican los objetivos de las evaluaciones finales. Es el caso del documento “Paso a paso: Evaluaciones de fin de etapa”. En él se nos indica que la finalidad general de la evaluación final es establecer “un sistema de señalización claro de los objetivos que han de cumplirse al final de cada etapa”. De acuerdo con la LOMCE, a través de las evaluaciones de fin de etapa nos ayudan a estimar y valorar los niveles de rendimiento alcanzados por los alumnos, y proporcionan información del grado de desarrollo de las competencias y destrezas cognitivas.

Referencias bibliográficas

Claudia Fernández Beltrá

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