¿Por qué es necesario un cambio metodológico?

por | 20 septiembre, 2018

Abstract

En este artículo se presenta un análisis de la metodología de nuestras escuelas y una propuesta de cambio basada en el estudio del Proyecto Zero de la Universidad de Harvard. Como autores de referencia de este proyecto, se encuentran David Perkins, Robert J. Swartz, Ron Ritchhart, Howard Gardner o Shari Tishman, entre otros. El origen del enfoque metodológico en el que se basa este artículo, se encuentra en las aportaciones derivadas de estos autores. Se trata de favorecer el desarrollo del pensamiento eficaz en las distintas etapas obligatorias. Para ello, se plantea una metodología de aprendizaje basado en proyectos, para aplicar en el aula rutinas y destrezas de pensamiento, así como estrategias de metacognición para conocer los propios procesos cognitivos.


La sociedad está en continuo cambio y la educación no debe permanecer impasible a ello. Tradicionalmente, la escuela ha sido un lugar donde se enseñaban infinidad de contenidos de diversas áreas de conocimiento para superar unas pruebas objetivas. Durante la escolaridad obligatoria, la mayoría de los contenidos de muchas de las asignaturas se repiten curso tras curso, a la vez que se va ampliando su dificultad.

Con los cambios metodológicos que se están dando en los últimos años, se pretende evitar todo esto, por ejemplo, con el aprendizaje basado en proyectos (en adelante ABP). El ABP es una metodología en la que el alumno es el protagonista de su propio aprendizaje. Sin duda, permite a los estudiantes generar aprendizajes significativos, ya que deben hacer una compilación de aprendizajes que han adquirido en otros momentos. Esta metodología es útil cuando se implementa dentro de cualquier asignatura, con la intención de entrelazar la parte teórica y la práctica. Además, los proyectos, permiten desarrollar en el estudiante habilidades de investigación.

En la actualidad, uno de los cambios que se plantea en la escuela y en el sistema educativo en general, para poder adaptarse al complejo y cambiante mundo, es exigir a nuestros alumnos el desarrollo intelectual y del pensamiento, para que sean capaces de tomar decisiones y resolver conflictos de manera autónoma y satisfactoria. En definitiva, se trata de crear adultos con un pensamiento reflexivo, crítico, que les permita aplicar, desde un punto de vista cognoscitivo, estrategias para aprender por sí mismos.

Esta tarea lleva consigo un alto grado de desarrollo de habilidades cognoscitivas como observación, comparación, identificación o clasificación, entre otras, que les permitirán profundizar en el conocimiento de la realidad, determinar sus características o establecer nexos, a la vez que adquiere habilidades para examinar, controlar y valorar el proceso y resultado de sus acciones (Rico, 2010).

Teniendo en cuenta los aspectos citados anteriormente, se justifica la necesidad del cambio metodológico para alcanzar el desarrollo del pensamiento eficaz. Esto se llevaría a cabo con la aplicación de rutinas y destrezas de pensamiento en el aula, favoreciendo en los alumnos el desarrollo competencial que plantea el actual sistema educativo. Esta metodología, busca acompañar y animar a los niños para que aprendan a pensar, especialmente conectando con dos de las competencias clave que propone la LOMCE: competencia para aprender a aprender y sentido de la iniciativa y espíritu emprendedor.

Las estrategias de pensamiento son muy útiles para que los niños gestionen su propio pensamiento y sean los protagonistas de su propio proceso de aprendizaje. De esta manera, el niño adquiere un aprendizaje significativo y autonomía e iniciativa personal para la toma de decisiones y resolución de conflictos.

Esta propuesta de cambio metodológico basado en las estrategias de pensamiento deriva del estudio del Proyecto Zero de la Universidad de Harvard, proyecto educativo creado en 1967 integrado por importantes autores como Howard Gardner, Nelson Goodman o David Perkins, entre otros investigadores. El Proyecto Zero investiga cómo se producen los aprendizajes en niños y adultos, teniendo como objetivo comprender y mejorar los procesos cognitivos de pensamiento de orden superior. Este proyecto, a su vez, está compuesto por varios proyectos de investigación vinculados a la educación y a la psicología evolutiva.

En el prólogo del libro El aprendizaje basado en el pensamiento, David Perkins plantea la pregunta “¿A qué se parece más el conocimiento, a un iPod o a un saxofón?” (Swartz, Costa, Beyer, Reagan y Kallick, 2008, p. 7). Los iPod son bastante complicados por dentro y, sin embargo, su uso es bastante sencillo. Los saxofones también son bastante complicados, pero arrancarles la música es lo más fácil de todo. La respuesta a esta pregunta, depende del tipo de conocimiento al que se esté refiriendo. Algunos conocimientos, como los números de teléfono por ejemplo, se parecen a un iPod. Pero, gran parte del conocimiento, no se parece en absoluto a esto.

Desgraciadamente, la enseñanza que se imparte en los colegios se asemeja en su mayoría al “modelo iPod”, es decir, se produce un aprendizaje principalmente memorístico. Según Perkins (2008) este no es el modelo ideal, sino que para él hay que introducir en la mente del alumnado el conocimiento y conseguir que permanezca ahí en el tiempo, para cuando necesiten esa información que les ayude a comprender una determinada situación. Por tanto, es necesario un aprendizaje basado en el pensamiento, tal como defienden los autores del Proyecto Zero.

Perkins defiende que cuando los humanos utilizan el pensamiento, están “tocando” el instrumento del conocimiento. En caso contrario, “el conocimiento, o bien queda inmovilizado, sin hacer nada, o bien es expelido en forma de chirridos estridentes, como los sonidos que emanan del saxofón de un principiante” (Swartz, Costa, Beyer, Reagan y Kallick, 2008, p. 7).

La de Perkins es solo una de las numerosas aportaciones al tema que se están realizando desde la ciencia cognitiva, que ha puesto de manifiesto la importancia de reconocer las inteligencias múltiples (Gardner, 2001) y de crear una cultura del pensamiento para ser capaces de construir el conocimiento de manera que perdure en nuestra memoria para futuras ocasiones.

Por tanto, como conclusión a este análisis, se puede decir que implementar en nuestras aulas una metodología de Aprendizaje Basado en Proyectos, empleando también rutinas y destrezas de pensamiento, es la mejor manera de enseñar a pensar a nuestros alumnos, favoreciendo en ellos la creación de una cultura de pensamiento y la mejora de la comprensión, la creatividad y otros aspectos esenciales del aprendizaje humano. De esta manera, se alcanzarán aprendizajes que tengan utilidad en su vida futura y les sirvan para establecer conexiones de ampliación que favorecerán comprensiones de alto alcance en la vida real de nuestros alumnos.

BIBLIOGRAFÍA

  • Elizondo, C. (2016). Cultura del pensamiento. Enriquecimiento para todo el alumnado. ¿Cómo enseñar y aprender a pensar? Material no publicado. Recuperado el 12 de agosto de 2018 de

http://www.orientacionandujar.es/wp-content/uploads/2016/06/culturadelpensamiento-160608181435.pdf

  • Gardner, H. (2001). La inteligencia reformulada. Barcelona: Paidos.
  • Gobierno de España. Ministerio de Educación Cultura y Deporte. Recuperado el 3 de septiembre de 2018 de

http://www.mecd.gob.es/mecd/educacion-mecd/mc/lomce/el-curriculo/curriculo-primaria-eso-bachillerato/competencias-clave/competencias-clave.html

  • Innovación Educativa. Fundación Telefónica, (2015). Enseñar a pensar, nuevo currículum. Project Zero. Recuperado el 28 de agosto de 2018 de

https://innovacioneducativa.fundaciontelefonica.com/blog/2015/01/08/ensenar-a-pensar-nuevo-curriculum-project-zero/

Clara Cabrerizo Aparicio

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