Introducción y justificación pedagógica
La escuela contemporánea se enfrenta al reto ineludible de transitar de un modelo de enseñanza uniforme a uno que valore y potencie la singularidad de cada discente. Históricamente, el sistema educativo ha priorizado un perfil de alumno con destrezas predominantemente lógicas y lingüísticas, lo que a menudo ha derivado en la marginación de otras formas de talento y procesamiento de la información (Gomis, 2007). Esta investigación parte de la premisa de que la inteligencia no es un rasgo estático ni unitario, sino una capacidad construible, multidimensional y dinámica que requiere de entornos enriquecidos para su pleno florecimiento.
Atender a la diversidad en las primeras etapas de la escolarización no representa únicamente una exigencia legal recogida en las normativas educativas vigentes, sino que constituye un compromiso ético con la justicia social y la igualdad de oportunidades. La presente propuesta busca demostrar que, mediante una organización escolar flexible y una técnica didáctica fundamentada en las Inteligencias Múltiples (IM), es posible alcanzar un desarrollo pleno de las potencialidades del niño. En este sentido, el profesorado debe actuar como un guía y facilitador de experiencias significativas, diseñando escenarios de aprendizaje donde todos los alumnos, independientemente de sus capacidades iniciales, encuentren vías de éxito y reconocimiento (Escamilla, 2014).
Marco teórico: Hacia una visión plural de la mente
La fundamentación técnica de este trabajo se apoya en los postulados de Howard Gardner, quien revolucionó la psicología educativa al proponer que el ser humano posee diversas inteligencias independientes pero interconectadas. Para que esta teoría tenga un impacto real en el aula de Educación Infantil, debe combinarse con la revisión de factores determinantes del éxito escolar, tales como la motivación intrínseca, la autoestima y la eliminación de dinámicas competitivas que resultan segregadoras (Muñoz y Ayuso, 2014).
Un concepto central en este proceso es el denominado Efecto Pigmalión: las expectativas que el docente proyecta sobre las capacidades de sus alumnos condicionan de manera directa el autoconcepto y el rendimiento real de estos (Gomis, 2007). Una práctica docente basada en las Inteligencias Múltiples permite que cada niño encuentre su propia «ventana de aprendizaje», reforzando su seguridad personal. Siguiendo a Sternberg y Kaufman (2011), se propone una enseñanza basada en los componentes específicos de la inteligencia, enfocándose en la resolución de problemas reales y en la prevención de dificultades de aprendizaje mediante la adaptación proactiva del entorno físico y social del aula.
Metodología y diseño de la propuesta: El proyecto «¡Qué miedo!»
La intervención se estructura bajo una programación didáctica titulada «¡Qué miedo!», diseñada específicamente para el nivel de 4 años y con una proyección temporal que permite la consolidación de hábitos y destrezas. El carácter didáctico de la propuesta radica en utilizar el miedo —una emoción evolutiva natural y necesaria en esta etapa— como el eje vertebrador para el desarrollo de las competencias transversales. Se utilizan elementos simbólicos, cuentos motores y rutinas de asamblea diaria para fortalecer la inteligencia intrapersonal (el reconocimiento y etiquetado de la propia emoción) y la inteligencia interpersonal (el desarrollo de la empatía y la escucha activa ante el miedo ajeno).
Como complemento a este enfoque emocional, se implementa con rigor el método de Bits de Inteligencia de Glenn Doman (2002). Estos estímulos visuales y auditivos, presentados de forma breve, rápida y sistemática, no solo amplían el bagaje cultural del alumnado a través de categorías enciclopédicas, sino que mejoran significativamente la capacidad de concentración, la memoria visual y la atención discriminativa. Este entrenamiento neuropsicológico es fundamental para sentar las bases de procesos cognitivos de mayor abstracción que se requerirán en etapas posteriores.
Desarrollo de ejes de aprendizaje para la inclusión
Competencia Digital y Percepción Visual
La integración de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en Educación Infantil no debe entenderse como un fin en sí mismo, sino como un medio para trabajar procesos cognitivos superiores. El uso de software educativo específicamente seleccionado, como laberintos digitales o herramientas de creación pictórica, fomenta la autonomía y la resolución de problemas lógicos. El trabajo por parejas frente a los dispositivos digitales promueve la inteligencia interpersonal, obligando al alumnado a negociar estrategias, compartir turnos y colaborar en la consecución de objetivos comunes, transformando el uso de la tecnología en una experiencia socializadora.
Eje Sensorio-Manipulativo y Psicomotricidad Fina
La actividad manipulativa es el pilar sobre el cual se construye el pensamiento lógico-matemático en la infancia. La utilización de herramientas de precisión, como pinzas, punzones o materiales de la vida cotidiana, permite al niño ejercitar destrezas de control motor fino que son precursoras directas y necesarias de la grafomotricidad y la escritura.

Como se evidencia en la Figura 1, la coordinación óculo-manual y la pinza digital son indicadores esenciales de calidad didáctica. El dominio de estos movimientos permite al alumnado alcanzar una mayor independencia en sus acciones de la vida diaria (autonomía) y mejora sustancialmente su capacidad de planeamiento motor, un aspecto intrínseco de la inteligencia cinestésico-corporal (Gomis, 2007).
Expresión Corporal, Ritmo y Música
La sesión de psicomotricidad se diseña como un laboratorio de exploración global, donde el cuerpo es el principal instrumento de aprendizaje. Mediante circuitos motores cooperativos y juegos de rol, se trabajan contenidos de lateralidad, tono muscular, equilibrio dinámico y estructuración espacial. De forma complementaria, la inteligencia musical se aborda mediante el uso de musicogramas y la interpretación de danzas tradicionales. Estas actividades no solo trabajan el sentido del ritmo y el esquema corporal, sino que enriquecen el currículo con la realidad social y cultural del entorno, favoreciendo la integración de las señas de identidad de las familias y promoviendo una educación intercultural desde el respeto y la admiración mutua.
Conclusiones finales
La investigación y el diseño de esta propuesta permiten concluir que el fortalecimiento de las Inteligencias Múltiples en el segundo ciclo de Educación Infantil constituye una herramienta de atención a la diversidad de primer orden. Se ha verificado que, al diversificar las estrategias didácticas y los canales de entrada de la información, se logra un acercamiento exitoso a las habilidades lógico-matemáticas y lingüísticas desde enfoques lúdicos y creativos que respetan el ritmo madurativo individual.
En definitiva, la personalización del aprendizaje, el fomento de la creatividad y el rigor en la planificación docente son los pilares que garantizan una educación equitativa y de calidad científica. Implementar las Inteligencias múltiples no solo mejora los resultados académicos medibles, sino que dota al alumnado de herramientas emocionales y sociales para enfrentar sus retos y temores con resiliencia, cumpliendo así con el objetivo supremo de la educación: la formación integral de personas críticas, capaces y emocionalmente equilibradas (Escamilla, 2014).
Referencias bibliográficas
- Doman, G. (2002). Cómo multiplicar la inteligencia de su bebé. EDAF.
- Escamilla, A. (2014). Inteligencias múltiples: claves y propuestas para su desarrollo en el aula. Graó.
- Gomis, N. (2007). Evaluación de las inteligencias múltiples en el contexto escolar. Universidad de Alicante.
- Muñoz, E. y Ayuso, M. (2014). La atención a la diversidad en el aula de Educación Infantil. Pirámide.
- Pixabay. (2024). Niño, Juego, Aprender, Habilidad [Fotografía]. Recuperado de https://pixabay.com/es/photos/ni%C3%B1o-juego-aprender-habilidad-9398800/
- Sternberg, R. J., & Kaufman, S. B. (2011). The Cambridge Handbook of Intelligence. Cambridge University Press.
Marta Antolín García