Pensamientos positivos en el aula

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Cuando en nuestras clases nos centramos abiertamente en crear un estado positivo para el aprendizaje, empezamos a establecer en los cerebros de los alumnos, unas asociaciones entre el aprendizaje y el placer que les va a durar toda la vida. 

Actualmente, sabemos que las personas más positivas viven más, tienen más éxito en la vida y generan una apertura mental que las hace más receptivas e incluso más creativas.

Las emociones positivas nos permiten desarrollar nuevas habilidades, nuevos conocimientos y mejores actitudes ante la vida (Fredrickson, 2009). Las implicaciones educativas son enormes.

Las emociones positivas tienen efectos beneficiosos sobre el aprendizaje al mejorar procesos relacionados con la atención, la memoria o la resolución creativa de problemas. Con la simple observación de imágenes que constituyan estímulos diferentes, ya sean positivos, negativos o neutros, se activan diferentes regiones cerebrales. En el caso de los positivos, interviene el hipocampo que favorece los procesos memorísticos y de aprendizaje mientras que, en el caso de los negativos, se activa la amígdala.

Los niños necesitan retos y disfrutar del aprendizaje porque sabemos que existe una correlación fuerte entre el clima emocional existente en el aula con el éxito académico de los alumnos. Y se ha comprobado que conseguir el llamado ratio de Losada, una proporción de 3 a 1 entre emociones positivas y negativas, tiene efectos beneficiosos a nivel social o mental y que esa predominancia de pensamientos o interacciones positivas es importante en las relaciones familiares, laborales y, por supuesto, en las educativas (Fredrickson, 2009).

Sin obviar que cierto grado de estrés ayuda al alumno a mantenerse activo y puede ser bueno para su rendimiento, cuando alcanza cotas altas o se vuelve crónico resulta muy perjudicial por lo que, en la práctica cotidiana, el aprendizaje requiere trabajar con emociones positivas.

 Según lo que uno piensa, así vive la realidad que lo envuelve. Los pensamientos se “oscurecen” porque solemos darle demasiado peso a las circunstancias que nos rodean, a nuestra genética, a la buena o mala suerte o a cualquier cosa relevante. Siendo la manera de interpretar lo que nos pasa o existe alrededor, teniendo un peso considerable en nuestra forma de vivir. Por nuestra cabeza pasan a lo largo del día miles y miles de pensamientos. Muchos de ellos son pensamientos tóxicos o negativos, que si les damos vía libre y permitimos que se instauren en nosotros, terminan por contaminar nuestra mente, nuestro estado emocional e incluso pueden mermar la salud física.

Por otro lado, hay pensamientos que si los cultivamos constantemente nos aportan esperanza, optimismo, fortaleza, buen humor y en definitiva nos aportan vida y salud, estos son los pensamientos positivos, los que vamos a ver en este artículo y cultivar de una forma permanente para desasociar por completo la parte del vaso medio vacío.

Es importante saber que lo que pensamos acerca de cómo ocurrirán las cosas influye de manera decisiva en el resultado (la ley de la atracción). Por eso es necesario tener pensamientos positivos, es importantísimo aprenderlo desde la infancia, para poder trasmitirlo a medida que los alumnos, hijos o personas vayan creciendo. Por eso se debe aprender a detectar un pensamiento negativo, no dejar de darle más vueltas de las que se merece y cambiar rápidamente por ver la cara más agradable de ese pensamiento, reduciendo nuestro estado negativo a neutral y posteriormente a positivo. Mejorando desde nuestro rostro hasta nuestro estado de ánimo y el de las personas del alrededor.

Si tenemos un alumno negativo que no ve el lado bueno, su estilo de pensamiento debemos mediante fichas o cambiándoles el rol de la clase para ayudar inconscientemente a desconectar de esos pensamientos. Después mediante fichas y la ayuda del pedagogo del centro, fortalecer los pensamientos positivos del niño para que no caiga en un bucle de pesimismo, inseguridades y cambios de estado de ánimo drásticos. El niño va observando y aprendiendo cómo su entorno reacciona ante ciertos problemas.

Si como padres o tutores o incluso profesores,  nos estamos lamentando constantemente de todos los males, tanto que vemos el futuro negro, sin ilusión por lo que venga después e incluso de manera directa o indirecta, a los alumnos e incluso a la gente de nuestro alrededor les hacemos sentir responsable de ciertas situaciones o actos que ni tan siquiera ellos se han visto involucrados, pero que ellos se ven integrados o responsabilizados de dicha situación que como padres, tutores o profesores nos hemos quejando delante de los alumnos.

Para evitar esas acciones o pensamientos que están desarrollando una forma de pensar, unas emociones y una manera de actuar negativas, que tienden al pesimismo (existe una enorme similitud del estilo de pensamiento de las personas pesimistas con etapas depresivas).

Para que un alumno pueda modificar sus hábitos de pensamientos negativos debemos:

  • – Darles responsabilidades para que tomen el control de posibles situaciones, para focalizar sus pensamientos en el trabajo exigido y no en terceras cosas. 
  • – Algunas veces deben ser conscientes que hay un hecho irreparable, teniendo que buscar soluciones y no quedarse estancados con lamentaciones.
  • – Marcar unos objetivos alcanzables o con resultados a corto plazo, para que vayan adquiriendo confianza y motivación.
  • – Enseñarles que un objetivo se puede alcanzar por diversos caminos, no solo hay uno o solo está el más fácil de llegar a dicho objetivo.
  • – Debe aprender a reconocer errores y ser autocríticos, debiendo reflexionar sus errores, únicamente para aprender de ellos e intentar hacerlo mejor, no para regodearse en lo mal que lo ha hecho y pensar de manera obsesiva en todos sus errores.
  • – Intentar mofarse de uno mismo, es un claro síntoma de lo positivo que puede llegar a ser, debiendo asumir la realidad y lidiar las diferentes situaciones con el mejor humor posible, reduciendo los dramas.
  • – Tener confianza plena en sí mismo denota un que no tiene inseguridades o dudas en su interior, resguardando la autoestima.
  • – Cuando un alumno hace un logro, se debe de reforzar y elogiar, pero dentro de la medida (también pueden considerarse elogios, una mirada cómplice, una simple sonrisa o un golpecito en la espalda con la mano).
  • – Implantar en el aula unas rutinas, genera al alumno una situación de confort y de seguridad, así como si se hacen en grupo, también se puede mejorar la sociabilización y trabajo cooperativo. Por ejemplo, comenzar la clase con un repaso, una lectura o una simple batería de preguntas de que han hecho el día anterior fuera del centro. Estas rutinas se deben de adaptar al grupo de alumnado y las edades.
  • – Reforzar desde el punto del profesor o maestro el lado positivo, tradicionalmente, ha predominado la detección de errores en detrimento de mostrar las fortalezas o virtudes del alumno (en los exámenes prepondera el subrayado en rojo de los errores). Para luchar contra las actitudes negativas que observamos en muchos alumnos debido a experiencias pasadas negativas se requiere un cambio de mirada y trabajar pacientemente con actividades adecuadas. Por ejemplo, podemos dividir a la clase en grupos de cuatro a seis alumnos eligiéndose un miembro del mismo. El resto, escribe en una hoja aspectos positivos de su compañero, se hace un resumen de las cualidades anotadas y se le entrega. Se repite el ejercicio con los otros alumnos.
  • – Involucrar en proyectos que ahora están muy de moda o en simples acciones de aula dando elección de decisiones. Los alumnos se ven involucrados percibiendo las tareas como un juego de roles, donde pueden aflorar acciones positivas.
  • – Un profesor con ganas de hacer o motivador, producen un clima emocional positivo en el aula, el papel del profesor, el instrumento didáctico más potente, es trascendental. Un profesor que fomenta su amor por la enseñanza, que transmite entusiasmo, que utiliza un lenguaje positivo y respetuoso y que es capaz de mirar con afecto a sus alumnos y de aceptarlos de forma incondicional.
  • – Cuando un profesor se dirige a un alumno o una persona cualquiera se dirige a otra persona, dependiendo de la comunicación no verbal del orador podemos tener una sensación u otra (en el ambiente o subconsciente), para mejorar la atención o mejorar el clima en el aula, se debe de cultivar la sonrisa y una actitud desenfadada, siendo estas dos muy contagiosas, bien desde quien la reproduce hasta quien la percibe. Sin olvidar que al estar de buen humor somos más creativos, resolvemos mejor los problemas y tomamos decisiones más acertadas. Como comentan Anna Forés y Marta Ligioiz: “Sesiones de risa y humor cada día, tras algunas horas de clase, significarán un cambio sustancial, con elevación del estado anímico del alumnado y profesorado. Una atmósfera educativa saludable y estimulante” (Forés y Ligioiz, 2009).
  • -Una educación emocional tiene que ser un proceso continuo que permita adquirir una serie de competencias esenciales para el desarrollo integral del alumno y que le permitan afrontar la vida aumentando su bienestar personal y social. Así se fomenta la colaboración entre alumnos, el asertividad, el respeto o la adquisición de estrategias para la mejora de la regulación emocional, como el aprendizaje de ese diálogo interno imprescindible que nos puede hacer más positivos y mejores gestores de nuestras propias emociones. En este proceso, hemos comprobado que la visión de videos sobre historias reales de superación personal y su posterior análisis colectivo resulta muy útil.

Existe una tarea de pensamiento positivo que recibe muchos nombres, yo la llamo “la libreta de los agradecimientos”, donde quiero transmitirla a todos los lectores por si la quieren poner en práctica; a los alumnos les hago un pequeño bloc que durante unas semanas después de finalizar el día, ellos escriben cosas positivas que les hayan pasado durante el día. Con la regla de que no deben repetir agradecimientos. Al principio parece un poco superficial, después cuando los alumnos se quedan sin las respuestas rápidas, comienzan a buscar en su interior y ahí es donde se hace la magia, ellos comienzan a valorar cosas insignificantes que pasan desapercibidos y que son vitales. Es donde comienzan a ver las cosas de un lado más positivo y refuerzan su autoestima y el ambiente en el aula mejora considerablemente.  Y lo bueno es que solo ocupa entre cinco y diez minutos de clase donde los alumnos hacen sus reflexiones individuales.

Bibliografía o webgrafía

  • Richard Gerver (2012). “Crear hoy la escuela del mañana”. Ed. Ediciones SM.
  • Daniel Goleman. (2012). El cerebro y la inteligencia emocional. Ed. SA Ediciones B.
  • Joan Vaello Orts (2011). Cómo dar clase a los que no quieren. Ed. Grao.
  • Anna Forés Miravalles, Marta Ligioiz Vázquez (01/01/2009). Descubrir la neurodidáctica. Ed. UOC.
  • Fredrickson, B. y Branigan C. (2005). Positive emotions broaden the scope of attention and thought-action repertoires.
  • Educapeques. (2018) Ciudad Real. Artículo de pensamientos positivos. Recuperado de: www.educapeques.com.
  • Escuela con cerebro. De Jesús C. Guillén (01/02/2019) ¿Cómo pasar del deseo a la acción? Buenos hábitos en la educación y en la vida. Recuperado: www.escuelaconcerebro.wordpress.com

Referencias de figuras

  • Serra Pla, Vicente (2019) Figura. Imagen de portada [Fotografía]

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